Antes de que se aprobara la vacuna contra el sarampión en el año de 1963, la mayoría de las personas padecían sarampión en la infancia, observándose grandes epidemias en el mundo cada dos o tres años. Si bien, las campañas masivas de vacunación contra el sarampión disminuyeron significativamente la incidencia de la enfermedad, el sarampión aún está presente en la mayoría de países del mundo, presentándose tanto en personas vacunadas como en personas no vacunadas (aunque en términos relativos, la incidencia en personas vacunadas es mucho menor que en las no vacunadas).
En el año 2024 se observaron casos de resurgimiento de sarampión en regiones de Europa, ante esto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió un comunicado diciendo que más de la mitad de países en el mundo deberían esperar brotes significativos de sarampión en los meses siguientes. En el año 2025 y a principios del 2026, se han observado aumentos significativos de casos de sarampión en el continente Americano y en otras partes del mundo. Dada la situación actual, surge la duda de si las personas nacidas antes de que se introdujera la vacuna de manera global en el año de 1963 (que muy probablemente pasaron por la infección de manera natural en su infancia) o las personas que ya lo padecieron posteriormente (y que fueron diagnosticadas de manera fiable con sarampión en algún punto de su vida) deben vacunarse o no.
Índice
- Para empezar, ¿Qué es el sarampión?
- ¿Tiene cura el sarampión? ¿Qué tan probable es que ocurran complicaciones o muerte por la enfermedad?
- ¿Qué tipo de vacuna es la de sarampión?
- Entonces, si ya tuve sarampión ¿aun así debo vacunarme?
- ¿La inmunidad contra el sarampión adquirida de manera natural es igual de efectiva que la adquirida por la vacuna?
- ¿En qué condiciones no se recomienda vacunar contra sarampión?
- Conclusión
Para empezar, ¿Qué es el sarampión?
El sarampión es un virus altamente contagioso perteneciente al género Morbilivirus que ingresa a través de las vías respiratorias o de la conjuntiva (membrana que cubre a los ojos) para esparcirse por todo el cuerpo a través de la red de ganglios linfáticos. El periodo de incubación va de aproximadamente 7 a 14 días (aunque puede ser más amplio) siendo contagioso desde 4 o 5 días antes de la aparición de sarpullido en la piel, hasta 4 días posteriores a la aparición de este signo. Aunque es más común en niños, cualquier persona puede contraer sarampión. Los síntomas típicos de la enfermedad incluyen fiebre alta, tos, escurrimiento nasal y una erupción cutánea (sarpullido) que se extiende por todo el cuerpo y que puede durar varios días.
¿Tiene cura el sarampión? ¿Qué tan probable es que ocurran complicaciones o muerte por la enfermedad?
La enfermedad de sarampión no tiene tratamiento específico contra el virus, se deben llevar a cabo cuidados paliativos adecuados y esperar a que el sistema inmunológico resuelva por si solo la infección. Si bien, la mayoría de personas que adquiere sarampión se recupera de manera espontánea sin complicaciones (aproximadamente el 70%), en un 30% de los casos se presentan complicaciones (que no necesariamente ponen en peligro la vida) como otitis media (inflamación del oído medio), diarrea y laringotraqueobronquitis (que causa mucha tos), y en un menor porcentaje, neumonía.
Por lo general, las complicaciones más severas del sarampión ocurren en personas inmunosuprimidas e incluyen el desarrollo de encefalitis (inflamación grave del cerebro) o neumonía. En países desarrollados la tasa de mortalidad por sarampión es baja (varia del 0.01 al 0.1%) pero puede ser bastante alta en países donde la desnutrición y la exposición a otros enfermedades infecciosas es común (puede ir desde el 3% hasta un 30% dependiendo de varios factores).
Se sabe que la deficiencia de vitamina A provoca una recuperación mucho más lenta de la enfermedad y está asociada a complicaciones post infección.
¿Qué tipo de vacuna es la de sarampión?
Desde hace años, en México y en otros países se vacuna contra sarampión a través de la vacuna triple vírica o viral, que a su vez sirve para vacunar contra rubeola y paperas (dos enfermedades que también son provocadas por virus). Las dosis recomendadas hasta ahora son dos durante la infancia (la primera dosis entre los 12 y 15 meses y la segunda dosis entre los 4 y 6 años de edad).
La vacuna contra sarampión, incluyendo la triple viral, se trata de una vacuna compuesta por virus atenuados vivos, es decir, se utilizan virus debilitados a través de procesos de laboratorio para que puedan provocar una reacción inmunológica en el organismo sin que causen como tal la enfermedad.
Entonces, si ya tuve sarampión ¿aun así debo vacunarme?
En general, se recomienda la vacunación a niños, adolescentes y adultos que nacieron después del año 1957. Aquellos adultos mayores nacidos antes o durante el año de 1957 se considera que tienen inmunidad natural de por vida contra el virus, ya que antes de la introducción mundial de la vacuna, la gran mayoría de personas padecía sarampión durante la infancia. Si nacimos después de esta fecha y aún vacunados o no vacunados, padecimos sarampión (siendo diagnosticados de manera fiable por personal de salud), se considera que tenemos inmunidad de por vida para la enfermedad.
¿La inmunidad contra el sarampión adquirida de manera natural es igual de efectiva que la adquirida por la vacuna?
Si ya padecimos sarampión, en la gran mayoría de los casos el cuerpo guarda memoria inmunológica contra el virus por el resto de la vida. De hecho, estudios muestran que la inmunidad adquirida de manera natural es más robusta y más duradera que la adquirida por la vacunación, aun si se vacunó con las dosis recomendadas. Por lo tanto, si ya tuvimos sarampión (aún si fue hace muchos años) no es necesario que nos vacunemos contra la enfermedad, salvo seamos personal de salud que se expone constantemente a agentes infecciosos.
El hecho de que la inmunidad adquirida por la infección natural sea más duradera que la adquirida por la vacuna no significa que sea “mejor” pasar por la enfermedad. El objetivo de la vacuna es que desarrollemos inmunidad contra el virus sin exponernos a los riesgos graves que puede conllevar el pasar por la enfermedad (aún si el riesgo de complicaciones severas no es muy alto en personas con un sistema inmunológico sano).
Si bien, la vacuna contra sarampión puede causar efectos secundarios leves como dolor en la zona de vacunación, fiebre o sarpullido moderado, en casos muy raros puede desencadenar convulsiones febriles o anafilaxia (reacción alérgica grave).
¿En qué condiciones no se recomienda vacunar contra el sarampión?
En algunas condiciones de salud, NO es recomendable vacunarse contra el sarampión:
- Padecer alguna enfermedad que implique una supresión de la capacidad de respuesta del sistema inmunológico (por ej. tener SIDA)
- Estar tomando algún tratamiento inmunosupresor, por ejemplo, tras recibir un trasplante de órgano
- Estar bajo tratamiento de quimioterapia
- Estar embarazada
- Haber tenido reacciones alérgicas o anafilácticas con vacunación previa contra sarampión.
- Personas que estén cursando una enfermedad aguda moderada o grave o que hayan recibido recientemente una transfusión de sangre o plasma. En estos casos, deben esperar determinado tiempo para recibir la vacuna (consultar con el médico para cada caso).
Conclusión
Para concluir, la enfermedad por sarampión es altamente contagiosa pudiendo afectar a personas de cualquier edad. Antes del año en que se aprobó de manera oficial una vacuna contra el sarampión (1963), era una enfermedad común de la infancia, que si bien, se resolvía por sí sola en la mayoría de los casos, tenía tasas de complicaciones y mortalidad relativamente altas en países subdesarrollados. Si tenemos 69 años o más, lo más probable es que hayamos pasado por la enfermedad de manera natural (la mayoría de personas recordará haber pasado por la enfermedad) y que tengamos inmunidad de largo plazo ante el virus de sarampión. Asimismo, si ya recibimos las 2 dosis recomendadas de la vacuna contra el sarampión en algún momento de nuestra vida, no es necesario que nos vacunemos nuevamente, salvo algunas excepciones (por ejemplo, en personal de salud). Los estudios muestran que la inmunidad adquirida de manera natural contra el sarampión es más robusta y duradera que la adquirida por la vacuna, no obstante, si no hemos tenido sarampión, al vacunarnos buscamos adquirir inmunidad contra el virus sin necesidad de exponernos al riesgo de complicaciones por la enfermedad.
Referencias
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