Durante siglos la edad fue vista como una cuenta regresiva, como juventud, madurez y luego retiro, silencio e invisibilidad. Pero algo está cambiando. En la actualidad, muchas personas, y especialmente muchas mujeres, están redefiniendo lo que significa cumplir años. No se trata sólo de vivir más tiempo, sino de vivir con propósito, autonomía y curiosidad.
Cumplir años ya no se trata de acumular ausencias, sino de ganar libertad y sabiduría. Las mujeres de hoy están rompiendo el molde de la «abuela tradicional» para convertirse en emprendedoras, estudiantes y líderes de opinión.
Entonces ¿Cómo llegan las mujeres hoy en día a la vejez? ¿qué cambios se están percibiendo? ¿Cómo puede una mujer reivindicarse y combatir el edadismo? Si pudieras decirle algo el día de hoy a las mujeres que tienen 50 o 60 años, que sienten que la sociedad ya no las está mirando. ¿Qué seria?
Presenta el Dr. Juan Pablo Ledesma Heyer, Médico Internista y Geriatra. Para responder a estas preguntas nos acompaña la Lic. Concha León Portilla, promotora cultural y creadora de Enlace 50, una plataforma pionera que reflexiona sobre la segunda mitad de la vida y la Revolución de la Longevidad. Desde la radio, los medios y la conversación pública, ha impulsado una idea poderosa de que la edad no es un límite, sino una etapa de transformación y posibilidades.
Primero que nada ¿está la sociedad preparada para la revolución demográfica en la que habrá más personas mayores?
No, pero nos estamos preparando, ya existe una chispa que se prendió y que nos dice
“Esta sociedad longeva necesita nuevas estructuras en todos los sentidos”
Más allá de verlo como cosa de mujeres u hombres, o de que las mujeres suelen vivir más y que por eso la vejez tiene rostro femenino, la diferencia más grande que está sucediendo ahora es que somos la primera generación de hombres y mujeres que llegamos más preparadas que nunca, los “baby boomers”. Somos una generación que estudió más, que está mucho más preparada, no todos claro, no se puede generalizar porque hay muchas vejeces, muchas historias de vida, pero en general, llegamos mucho más informados y preparados a la vejez y esto está haciendo (y hará) una gran diferencia.
¿Cómo llegan las mujeres hoy en día a la vejez? ¿Qué cambios se están percibiendo mayormente?
Las mujeres en particular, estamos llegando más preparadas, más activas, con nuevas ideas y con mucha más libertad. Estamos llegando más independientes, algunas incluso son autónomas económicamente porque trabajaron toda su vida. En las relaciones de pareja se puede ver una dinámica diferente, con nuevos límites y maneras de relacionarse. Todo esto viene potenciado por la facilidad que tenemos para mantener redes sociales, para cuidar los vínculos, algo que nos llena en muchos sentidos.
¿Desde tu experiencia, cuál es el mayor miedo que tenemos frente a la edad y cómo lo podemos enfrentar?
El mayor miedo que tenemos es el de dejar de ser independientes. Nos da terror depender de alguien. Otro miedo enorme es quedarse sin dinero o a la soledad, sobre todo cuando se está muy enraizado con la familia.
A lo mejor es personal, pero en lugar de enfrentarse con miedo a la vejez se puede enfrentar con planeación. Sí, es cierto que eso de vivir el hoy es importantísimo, pero no tiene nada que ver con no pensar en el futuro, porque no puedes estar instalado en el hoy sin ahorrar un poco, sin cuidar tu salud, sin cuidar tus vínculos, sin tener una idea de lo que quieres hacer para tu vejez.
¿Cómo podríamos ir construyendo una identidad más positiva en la vejez?
Creo que las personas mayores de hoy tenemos la obligación de dar un ejemplo de que la vejez no es todo declive. Al ver a personas mayores inspiradoras y convivir con generaciones más jóvenes, podemos empezar a ser distintos. Lo ideal es promover los proyectos intergeneracionales, por ejemplo, que las empresas no saquen a la gente que ya tiene tanta experiencia, sino empezar a unírseles, el lograr esta convivencia, una historia de respeto y de responsabilidad, que los jóvenes vean a personas mayores que se hacen cargo de sí mismas como un ejemplo a seguir.
Por supuesto que no vamos a crear un espacio aspiracional, pero si nosotros hablamos de lo que sentimos, de lo que hemos aprendido, lo hablamos con honestidad y con ternura, y empezamos a hablar de ejemplos de personas mayores que están haciendo sus cosas, entonces cambia la visión que se tiene de la vejez. Ahora las personas jóvenes ven a más personas mayores trabajando, y no necesariamente trabajo remunerado, porque hay quienes hace voluntariados y otros están en casa haciendo labor de cuidados (que también es importantísimo) pero a fin de cuentas, están activos, aportando a su familia y a su comunidad.
¿Cómo se logró la lucha para los derechos de la mujer?
Los derechos que ahora tienen las mujeres no se lograron porque el hombre dijera «si es cierto, estamos oprimiendo, estamos tratando diferente a las mujeres en lo laboral y en otros ámbitos, ahora seremos iguales». No, sucedió porque se hizo una lucha para conseguirlos, un esfuerzo y una exigencia a través de manifestaciones, resistencia y activismo sostenido para que sucediera, y esto lo hicieron las mujeres.
¿Cómo puede una mujer reivindicarse y combatir el edadismo?
Lo primera es tomar conciencia: prepararnos para envejecer bien, con dignidad, con salud, con fortaleza, con educación, o sea, con un propósito y quitando además el miedo, creando vínculos y comunidad.
«Es importante el estar vigentes no sólo como individuo, sino dentro de una comunidad.»
Otra es a través de la convivencia intergeneracional, que nutre en todos los sentidos y ayuda a combatir el edadismo. Clases en las cuales mujeres mayores enseñan a personas jóvenes, en algunos países se puede ver también que personas mayores rentan habitaciones a estudiantes jóvenes. Todo esto fomenta la convivencia entre generaciones.
Actualizarnos también, hasta donde se pueda, a veces nos causa conflicto la tecnología o nos negamos a aprender a usar programas o aparatos nuevos, pero hoy en día son indispensables para formar redes y mantener vínculos.
¿Cuál es el rol esencial de las mujeres mayores en la familia y la sociedad en general?
Las mujeres finalmente somos el vínculo, somos la columna vertebral de la sociedad. Desde toda nuestra historia, las mujeres somos las que principalmente buscamos que haya un consenso, que la gente se quiera en la familia, somos las que nos preocupamos porque dos hijos o dos nietos no se hablan, o porque alguien se quedó sin trabajo. Somos muchas veces las que vemos los síntomas de una enfermedad.
En general las mujeres solemos estar mucho más conectadas con la cuestión emocional y somos más intuitivas y empáticas. Todo lo que es conservar las tradiciones, en mucha parte se debe a nuestras abuelas, a la mujer.
“La mujer en todo los sentidos, y en todos los ángulos, teje redes”
Tejer redes es paciencia, es inclusión, es amor, es tradiciones, es intergeneracional y es estar alerta a las emociones de toda la familia.
¿Cuándo se puede decir que empieza la segunda mitad de nuestras vidas y como se refleja esto en las mujeres?
No hay un número fijo. La segunda mitad empieza cuando eres absolutamente responsable y congruente. Esto es duro porque hay que entrar en contacto con lo más íntimo y profundo de uno mismo, con tu esencia y con ese ser con el que vas a tener un diálogo diferente a partir de un día determinado. Lo disfrutas y lo aprovechas y te das cuenta que tu tiempo es el tesoro más preciado que tienes y que tú decides a qué o a quién se lo das. Esto nos hace ser más selectivos con los años, pero en las mujeres esto solía tardar en llegar porque se nos había enseñado a ser las responsables de todo, hasta que llega un punto en que decimos “no espérame, que hay de lo que yo quiero, del amor propio” sin que esto se entienda como egoísmo. Es hasta ese punto que empezamos a conocernos, a empezar a ser nuestras aliadas y a preguntarnos qué queremos y hacia dónde vamos, con mucho más amor hacia nosotras mismas.
Si pudieras decirle algo el día de hoy a las mujeres que tienen 50 o 60 años, que sienten que la sociedad ya no las está mirando. ¿Qué seria?
Yo les diría que se miren a sí mismas. Que no esperen a que la sociedad las mire. Para responder a esta pregunta quiero dejar un escrito de la psicoterapeuta argentina Lorena Pronsky:
Volví a mí y sucedió la magia.
Dejé de insistir donde no había lo que buscaba.
Dejé de pedir con las manos cerradas, dejé de esperar en sillas ocupadas, dejé de poner mis expectativas en personas ocupadas, dejé de pretender que el otro me entendiera.
Dejé de poner los ojos y la esperanza en corazones que no querían latir al lado mío.
Y entonces, magia.
Volví a mí como único destino posible.
Volví a mí como único camino disponible, como el único reencuentro pendiente.
Volví a mí y pude verme las costillas, los dolores y mi alma deshidratada pidiendo agua.
Y me recibí y me perdoné.
Me recosté sobre mi hombro, me nombre con mi propia voz y me encontré distinta pero intacta.
Me tuve otra vez, me tengo otra vez y entonces magia, tengo las llaves de las puertas que quiero abrir acá adentro.
Afuera sólo están las cerraduras, pero yo decido dónde y de mí depende cómo.
Yo decido cómo y elijo cuándo y con quién.
Yo decido qué quiero, yo decido qué merezco y la magia volvió a mí porque nunca se fue, porque siempre habitó en mí, pero no me permitía verla por rechazarme y así bajé a mi corazón y resucité.
Me abracé, me acepté y sigo viva.
