Como todos los adultos que ya somos viejos, el capital más valioso que nos queda es la salud. En mi caso no es un capital «millonario» pero si bastante aceptable, aunque volviendo la vista atrás, de joven pude haberlo hecho mejor.
Con 22 años, cumplía el servicio militar obligatorio en Aragón (España) y un joven compañero me «ayudó» a engancharme en el tabaco. Durante 10 años fumé de manera convulsiva, por mucho que lo intenté, no había manera de dejarlo. Consciente de que sería muy malo para mi salud, un día terminaba una escalera en un pequeño edificio, y de manera repentina, se me dispararon los latidos del corazón, seguramente llegaron a 170-180 latidos por minuto. Era temprano en la mañana, pero yo ya llevaba varios cigarrillos fumados, tiré inmediatamente el que tenía en las manos y fue el último que probé en mi vida.
Han pasado 49 años y cuando lo recuerdo me digo lo torpe que fui. En aquellos años, en mi lucha por dejarlo, llegué a pedirle a mi médico de cabecera que me prohibiera fumar, pero él me dijo con palabras textuales: “Cristóbal, si te gusta es una tontería que lo dejes, hay cosas peores para la salud”.
El Dr. Huertas se construía una hermosa casa a las afueras de la ciudad, pero no pudo estrenarla, murió antes de cáncer de pulmón. Yo tuve más suerte, tengo alguno que otro problema respiratorio, pero no es grave...
Autor: Cristóbal García Martín. Nacido el 24 de marzo del año de 1944 (82 años) en la provincia de Granada, España. Asiduo de las caminatas matinales y apasionado de la música clásica.

