Me gustaría dejar escrito un poco de lo que mi mente resguarda aquí...
No sé sí soy alguien que ve la vida desde una perspectiva diferente, o sólo mi ser suele ser un poco diferente.
Desde niña he sentido que algo me faltó, entonces suelo plasmarlo así. Con mi pensar…
Soy una soñadora que siempre persigue sueños, tres de ellos se hicieron físicos: mis hijos, y dos líneas más, estás fueron en algún momento imaginarias, mis nietos…
Ellos son la unión de mi vida, mi alegría y mi motivación, son pues, quienes me ayudan a avanzar.
No soy alguien que espera de ellos lo que no fui, sino quién los alienta a seguir, tal vez soy el único engranaje de ésta maquinaría que de repente se atasca, por miedo, por inseguridad, pero aun así, avanzo.
Desatasco lo que me atora y continúo, a veces a fuerzas y a veces por convicción…
Mis hijos y esos pequeños son mi mayor alegría, me llena ver sus logros y su caminar por la vida, tengo ya mucho cansancio, pero en cuanto veo las caras sonrientes de mis nietos, todo como magia se disuelve.
Muchas veces he regresado al ayer, y veo cosas que no me gustó haber hecho, fui dura, porque no aprendí a ser de otra manera, no había un ejemplo suave al cuál seguir, solo dureza.
Después de muchos años, cambié, y trato de corregir lo que puedo, ello me han llevado a entender mis errores.
Para eso necesité ayuda, me abrí al entendimiento y aprendí a escuchar…
Mis hijos ya no están conmigo, han dibujado su trazo por la vida, y aunque la soledad me estaba agobiando, avancé: primero sola, luego tomando esas líneas invisibles, que me reconectaron con volverme a sentir útil, con ser una nueva compañía, mientras ellos, mis pequeños nietos, me regalan perlas de saber.
El escuchar, el hablar, el sonreír, el leer, el jugar, el querer, el acompañar, son cosas que tomaron un nuevo significado para mí.
Aunque ya estoy en mi sexto decenio, estoy dispuesta a seguir viendo de qué manera mejorar cada nuevo día.
Estás cinco personas, son todo para mí, por ellos es que siento cada día una secreta alegría, y por ellos aprendí que ningún día es igual al anterior.
Por eso, pongo aquí una pequeña reflexión de las muchas que tengo:
Quiero contarte, una vez creí que ya había terminado de acompañar, y de repente ¡como magia! Aparecieron y se extendieron unas pequeñísimas y delgadas líneas que me volvieron a conectar:
“Con el acompañar, con sacudir el tedio y volver a caminar, con olvidar ese creciente monstruo en que se estaba convirtiendo la soledad, con sonreír, con recordar y comparar situaciones y anécdotas, con volverme a carcajear.”
¡Gracias hijos!
Por compartir conmigo tiempo de sus hijos, sé que es totalmente suyo, por ello agradezco, saben que aquí la que fue su casa, hoy es hogar de sus “mini mis”.
“Aquí siempre se les recibe con el corazón alegre y los brazos abiertos “
Atte: La Abu.
Escrito por Mónica Villa Sandoval (62 años de edad).

