Hay artistas a los que uno escucha. Y hay otros que terminan habitándole a uno la vida...
Con Jorge Drexler (Montevideo, 1964) me ocurrió lo segundo. No lo conozco personalmente. Nunca hemos compartido una conversación, un café ni una guitarra (aunque sí he ido a algunos de sus conciertos en vivo). Pero desde hace años su música me acompaña como lo hacen ciertas presencias silenciosas.
«Para mí, Drexler aparece de tanto en tanto con una sutil invitación – a través de sus nuevos discos – a seguir creando.«
Quizá la culpa la tenga nuestra formación de origen. Antes de ser el artesano de la palabra que todos conocemos, Jorge Drexler fue médico. Se graduó en su natal Uruguay y se especializó en otorrinolaringología. Durante un buen tiempo vivió en ese maravilloso y desgastante péndulo: salir de una cirugía o de una guardia hospitalaria directo a subirse a un escenario nocturno.
Sus canciones observan al ser humano con la precisión de un bisturí, pero lo tratan con la delicadeza de quien sabe que el cuerpo es solo el estuche del alma, como el estuche de una guitarra. Varias de sus letras utilizan el lenguaje científico aprendido en la universidad o hacen metáforas con la biología y otras ramas de la ciencia médica.
Existe una vuelta de tuerca ya mítica en su biografía. En 1995, Joaquín Sabina lo escuchó en un bar uruguayo, vio su potencial y lo convenció de cruzar el Atlántico. Drexler llegó a España con una guitarra, un puñado de dudas y una enorme incertidumbre. Años más tarde escribiría «Pongamos que hablo de Martínez», un guiño de gratitud enorme a Sabina —usando su apellido paterno— y un homenaje a ese quiebre biográfico que lo cambió todo.
Porque sí: todo se transforma.
No es una coincidencia que esa canción sea el pulso de nuestro programa de radio EnVejezSER desde el 2018. «Todo se transforma» no es solo una genialidad acústica; Drexler la introduce en sus conciertos como alusión a la Ley de Conservación de la Masa (o Principio de Lavoisier) como metáfora, pero para mí es una auténtica declaración de principios gerontológicos.
El envejecimiento, bien entendido, no es un proceso de desmantelamiento ni de fragilidad estática; es una metamorfosis continua.
“Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da…”
Hay versos que curan más que un fármaco porque nos enseñan a mirar la vejez desde la permanencia en el movimiento. En EnVejezSer nos plantamos desde ahí. Por eso, cuando abrimos la sección literaria de nuestra revista, supimos que el único nombre posible era «Tinta y Tiempo», robándoselo un poquito al homónimo disco de Jorge. Sabíamos que en ese espacio iba a ocurrir el milagro:
Personas mayores desafiando al reloj, vaciando su memoria y sus historias con tinta propia, demostrando que el tiempo deja marcas en la piel, pero también sentido en el espíritu...
Antes de inclinarme por la medicina y la divulgación, yo habitaba el mundo como un músico y un poeta en potencia. El tiempo me llevó por los pasillos de los hospitales, pero la vida, que es sabia, me terminó devolviendo a la palabra escrita a través de este proyecto. Y en este camino, la música de Drexler ha sido mi escuela. Su obsesión por las estructuras complejas y hermosas, como la décima espinela, me demostró que se puede ser intelectualmente brillante sin perder un ápice de calidez humana.
En una entrevista leí una frase suya que se me quedó grabada a fuego: «La canción es una forma de pensar». Para este geriatra, escribir también lo es.
Estas líneas no son un plagio de sus conceptos; son un absoluto e inevitable gesto de gratitud de un colega que decidió quedarse en la medicina, pero que aprendió de él a recetarla a través del arte. Aprovechando esta edición de Seguir Pedaleando, quiero dejar aquí estas décimas que nacieron de su influencia. Ojalá el viento, la red o la fortuna hagan que este enlace le llegue alguna vez a Jorge, y sepa que
«En este rincón de México, sus canciones siguen sembrando humanidad...»
Décima a Jorge Drexler
Antes que aprender a curar,
fui músico de otro puerto,
poeta de un sueño incierto
que hoy vuelve para cantar.
Con los años regresar
logré al origen primero;
y aunque hoy visto para el gremio
del médico y su misión,
todavía en mi canción
canta un corazón bohemio.
No es plagio, Jorge, es honor
beber de tu melodía,
pues tu palabra fue guía
para este humilde doctor.
“Tinta y Tiempo” da color
a las voces de la edad;
y en cada ancianidad
que su memoria desgrana,
“todo se transforma” hermana
dolor, cambio y humanidad.

Autor: Juan Pablo Ledesma Heyer. Médico Internista y Geriatra. Conferencista, autor y divulgador de temas relacionados al envejecimiento desde un enfoque integral y humanista. Fundador del proyecto EnVejezSer.

