Joan Manuel Serrat se pronuncia contra el edadismo: “prescindir de los viejos es como quemar los libros”

El reconocido cantautor español, Joan Manuel Serrat, conocido por sus “canciones poéticas” acerca del amor, el paso del tiempo, la nostalgia y la infancia  (entre muchas otras reflexiones acerca de la vida) se pronunció contra el edadismo o la discriminación por la edad en un evento reciente de la Universidad de Barcelona.

El autor de “Penélope” a través de un video difundido en redes sociales por la propia Universidad a principios de este mes (mayo del 2026), ofreció una reflexión íntima sobre la vejez y la forma en que la sociedad trata a las personas mayores, a quienes él mismo llama, con cercanía, “los viejos”.

 “Me llamo Joan Manuel Serrat. Algunos de ustedes me conocerán. Escribo canciones y las canto. Tengo 82 años, gozo de buena salud y de un estado de conservación más que aceptable. “

Así inicia su discurso, en el que reconoce el paso del tiempo sin rodeos. Para Serrat (con 82 años), envejecer no es algo que deba ocultarse, sino asumirse con naturalidad:

 “Soy un hombre agradecido con la vida y acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días.”

“Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de los fármacos y de las prótesis, las gafas, los audífonos, en fin, esas cosas. Me gusta la vida, me gusta estar vivo y sentirme útil.”

Una vez reconocidos los “retos” que el tiempo le impone al cuerpo (sin dejar de lado su vitalidad), el famoso cantautor español no desaprovechó la oportunidad para denunciar un problema social de fondo:

“Me gusta estar vivo y sentirme útil. Por eso me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación. Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos, en tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tienen menos necesidades.”

Y va más allá para denunciar el lugar al que han sido relegados:

 “A los viejos se les abandona en la soledad, porque la soledad, dicen, es algo inherente a la vejez y han de acostumbrarse a ella. Pero una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida. Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria.”

En este punto, nos gustaría hacer una pausa para hablar de un problema que se ve a nivel mundial, el edadismo, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como  “Los estereotipos, prejuicios y discriminación con respecto a los demás o a nosotros mismos por razón de la edad.” Aunque no se especifica la edad o edades, el edadismo suele ser más común hacia las personas mayores, y se puede reflejar de muchas maneras, por ejemplo, cuando se limita su participación el ámbito laboral o social, cuando se asume que la vejez implica discapacidad o inutilidad, cuando se infantiliza a la persona mayor o se limita su acceso a los servicios médicos.

Serrat cierra con una hermosa reflexión que invita a todos a replantear la forma en que vemos la vejez:

 “Los viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar. Que no nos hagan invisibles, que escuchen y respeten nuestras preferencias, que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades, que nos tengan en cuenta en sus decisiones. Hacer otra cosa sería tirar piedras al tejado propio.”

Por último, no queremos concluir esta nota sin antes cuestionar una idea cada vez más extendida: medir el valor de una persona únicamente por su productividad (principalmente económica). Es evidente que la calidad de vida no se sostiene solo en la producción, sino en los vínculos, la memoria, el cuidado y el sentido de vida. El problema no es que las personas mayores “no aporten”, sino que hemos reducido el concepto de aporte a lo inmediato, lo productivo y lo rentable. Bajo esa lógica, lo humano termina reducido a cifras.

Valorar a las personas mayores no es solo un acto de respeto y reconocimiento de su dignidad, es valorar lo que les ha dejado la experiencia, el aprendizaje y la resiliencia a lo largo de la vida. Los “viejos” son memoria histórica viva, que conecta el pasado con el presente y orienta hacia el futuro. Viéndose desde esta perspectiva…

Quizá llegar a viejo
sería todo un progreso,
un buen remate,
un final con beso..

Fragmento de la canción Llegar a Viejo (publicada en 1987) de Joan Manuel Serrat

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