La actividad física como herramienta útil para reducir el síndrome del cuidador

Cuidar a un adulto mayor dependiente es un acto de amor y compromiso, pero también un desafío físico, mental y emocional que muchas veces se subestima.

El síndrome del cuidador, también conocido como «síndrome de sobrecarga» o «burnout del cuidador», describe precisamente ese desgaste progresivo que sufren quienes dedican su tiempo, energía y recursos al cuidado prolongado de una persona dependiente.

El síndrome del cuidador surge de la acumulación de demandas continuas físicas, emocionales y de tiempo que exige el cuidado de una persona mayor con enfermedades crónicas (cardiovasculares, diabetes, alteraciones neurológicas, entre otras) o con distintos grados de dependencia funcional.

«Cuanto mayor es la dependencia del adulto mayor, mayores son también las tareas y responsabilidades que recaen sobre quien lo cuida«.

Diversos estudios coinciden en que los cuidadores informales (hijo, hija, cónyuge o familiar cercano que cuida sin remuneración) presentan mayores niveles de sobrecarga, debido a la acumulación de responsabilidades, la falta de apoyo y el escaso tiempo disponible para sí mismos. Sin embargo, los cuidadores formales (quienes reciben un salario y cuentan con capacitación) tampoco están exentos y las exigencias del cuidado también generan estrés, cansancio, impotencia y desgaste físico y emocional.

El síndrome del cuidador puede manifestarse a través de diversas señales de alerta:

  • Cansancio constante  
  • Falta de energía que no mejora con el descanso
  • Irritabilidad y baja autoestima
  • Alteraciones del sueño y del apetito
  • Dificultad para concentrarse
  • Sentimientos frecuentes de tristeza, frustración y desesperanza
  • Aislamiento social y la pérdida de interés en actividades que antes resultaban gratificantes

«Detectar oportunamente la sobrecarga es clave, porque el bienestar del cuidador repercute directamente en la calidad de la atención que recibe la persona dependiente».

La sobrecarga del cuidador puede ocurrir tanto en cuidadores formales como informales, manifestándose como estrés, cansancio, desgaste emocional y, en muchos casos, deterioro progresivo de la salud y la calidad de vida. Foto tomada de pexels

Durante años, las recomendaciones de autocuidado para cuidadores se han centrado en el descanso, el apoyo social y la comunicación. Sin embargo, la evidencia reciente coloca a la actividad física regular como una de las intervenciones no farmacológicas más efectivas para reducir la sobrecarga percibida.

Un estudio de caso único centrado en una cuidadora formal con 24 años de edad de adultos mayores institucionalizados (que reportó alta sobrecarga por su labor) encontró que, tras la implementación de un programa de ejercicio (27 sesiones en total de 50 min cada una, 2 veces por semana), se observó una disminución en la sobrecarga percibida de cuidados por parte de la cuidadora, junto con mejoras en distintos indicadores de la condición física, lo que sugiere una tendencia favorable asociada a este tipo de intervenciones en personas que cuidan de adultos mayores (Díaz Cervantes et al., 2026, ver en referencias).

Los beneficios no se limitan al cuidador de forma aislada, cuando el propio adulto mayor participa en programas de ejercicio adaptados, el efecto se refleja también en quien lo cuida:

una investigación con 17 adultos mayores pluripatológicos (que padecen dos o más enfermedades) y en cuidados paliativos concluyó que un entrenamiento físico multicomponente (que combina diferentes capacidades físicas en una sola sesión) por 26 semanas (3 sesiones por semana) ayuda a reducir la sobrecarga del cuidador de forma paralela al aumento de la independencia funcional de la persona cuidada (Sanchis-Soler et al., 2021, ver en referencias).

No hace falta convertirse en atleta para notar los beneficios: especialistas en fisioterapia geriátrica explican que cualquier actividad que eleve la frecuencia cardíaca aporta beneficios para la salud del cuidador, y que las actividades que combinan movimiento con coordinación o concentración, como el taichí, ayudan además a ejercitar la mente, calmando el estrés sin exigir un esfuerzo físico intenso.

En términos generales, mantenerse activo aporta beneficios como:

  • Mejorar el sueño, factor central para el bienestar
  • Fortalecer los sistemas cardiovascular y respiratorio
  • Mayor resistencia muscular, agilidad, flexibilidad y equilibrio (que reduce el riesgo de lesiones al movilizar al adulto mayor)
  • Reducción del estrés y la ansiedad (que aleja los pensamientos negativos asociados a la sobrecarga)
  • Mejoría general del estado de ánimo, que ayuda a liberar la tensión acumulada durante las tareas de cuidado

«Sabemos que el tiempo es el recurso más escaso para quien cuida a otra persona«.

Por lo anterior, la clave no está en programas exigentes, sino en la constancia y la adaptación a la realidad de cada cuidador:

Caminatas breves y frecuentes: media hora a paso ligero, en la mañana o en la tarde, puede marcar una diferencia notable en el ánimo y la energía.

Ejercicios de fuerza y equilibrio: útiles tanto para el cuidador como para el adulto mayor, y que pueden practicarse incluso en espacios reducidos.

Actividades de bajo impacto y alta concentración: como el taichí o el yoga suave, especialmente recomendables por su accesibilidad para casi cualquier persona.

Buscar apoyo para liberar tiempo: pedir a un familiar, vecino o servicio de apoyo domiciliario que acompañe al adulto mayor durante breves intervalos permite al cuidador salir a moverse sin culpa ni preocupación.

Sumar al adulto mayor cuando sea posible: los programas de ejercicio compartido benefician a ambos miembros de la díada cuidador-paciente.

El síndrome del cuidador no es una debilidad ni una consecuencia inevitable del cuidado, es una señal de que el sistema de apoyo alrededor de esa persona necesita reforzarse.

La actividad física, lejos de ser un lujo o una tarea más en una agenda saturada, se perfila como una de las intervenciones más accesibles y respaldadas por la evidencia para reducir la sobrecarga, mejorar el estado físico y emocional del cuidador, y en consecuencia elevar la calidad del cuidado que recibe el adulto mayor.

Cuidar de quien cuida no es opcional. Es, tal cual, parte del tratamiento.

Autores

  • Lic. Osvaldo Díaz Cervantes: Lic. en Motricidad Humana y Pasante de la Maestría en Intervención Motriz de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Con amplia experiencia e interés en el estudio de la actividad física y su beneficio para la salud y bienestar en diferentes sectores de la población
  • Dra. Susana I Aguirre: Doctora en Ciencias de la Cultura Física y Psicóloga, con experiencia en docencia y desarrollo de proyectos de investigación interdisciplinaria relacionados con el envejecimiento, la actividad física y el bienestar psicológico.

Referencias

Díaz Cervantes, O., Aguirre Vásquez, S. I., Ornelas Contreras, M., & Jurado García, P. J. (2026). Actividad física como estrategia de intervención para la disminución del síndrome del cuidador en cuidadores de adultos mayores. Dilemas Contemporáneos: Educación, Política y Valores, 13(3). https://doi.org/10.46377/dilemas.v13i3.4920

Sanchis-Soler, G., San Inocencio-Cuenca, D., Llorens-Soriano, P., & Blasco-Lafarga, C. (2021). Reducción de la sobrecarga del cuidador tras entrenamiento supervisado en ancianos pluripatológicos y paliativos. Cuadernos de Psicología del Deporte, 21(1), 271–281. https://doi.org/10.6018/cpd.415581

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