Tradicionalmente, se ha pensado que las fracturas por fragilidad ocurren principalmente porque los huesos se debilitan. Esto es más común en personas mayores, especialmente en mujeres después de la menopausia. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que el problema es más complejo y no depende solo de qué tan fuertes o densos sean los huesos.
Hoy en día, la mayoría de los tratamientos para prevenir o tratar la osteoporosis y las fracturas se enfocan en mejorar la salud de los huesos. Pero cada vez hay más evidencia de que también es importante considerar los músculos, ya que ambos trabajan juntos como un sistema, al punto en que ahora se habla de la unidad funcional “músculo–hueso”.
Cuando un músculo se contrae, este tira del hueso para facilitar el movimiento. En general, a mayor fuerza muscular, más se estimula el hueso, y este estímulo activa la formación de tejido óseo (del hueso). Sin embargo, debe aclararse que este beneficio se logra principalmente cuando la fuerza muscular aumenta gracias a la actividad física.
Aumentar el músculo con el uso de fármacos no necesariamente fortalece los huesos.

Un estudio retrospectivo reciente (2025) analizó los datos de 907 mujeres mayores de entre 75 y 81 años, en Bélgica, obtenidos del Estudio de la Investigación Epidemiológica de Bruselas sobre el Riesgo de Fracturas (FRISBEE2 por sus siglas en inglés), para ver si la pérdida de músculo y fuerza muscular (sarcopenia), así como su combinación con el debilitamiento de los huesos (osteosarcopenia), se relacionaban con el riesgo de fracturas por osteoporosis.
De todas las participantes, solo 47 (alrededor del 5%) habían tenido una fractura reciente. Las mediciones de fuerza y masa muscular habían sido medidas de distintas maneras, y los resultados variaron según el método. Sin embargo, el análisis encontró algo particularmente notorio: las mujeres mayores con antecedentes de fractura reciente presentaban “sarcopenia probable” medida a través de la prueba de presión manual (prueba sencilla en la que se aprieta con la mano un dispositivo con la máxima fuerza posible).
Aún más relevante es que esta asociación entre sarcopenia probable y fracturas recientes se mantuvo incluso descartando el rol de otros factores de riesgo importantes para sufrir fracturas como son la edad, el índice de masa corporal, el sedentarismo y las comorbilidades.
En pocas palabras, este estudio sugiere que la fuerza muscular, por sí sola, podría ayudar a predecir el riesgo de fracturas en mujeres mayores, y apoya la visión de que no basta con evaluar únicamente la salud del hueso (como la densidad mineral ósea), sino que también es fundamental considerar la función muscular, especialmente la fuerza.
«Esto nos recuerda que las fracturas por fragilidad en realidad pueden ser una manifestación de un deterioro muscular y esquelético generalizado, no solamente de los huesos.«
En este sentido, la llamada “sarcopenia probable”, identificada mediante una prueba simple como la fuerza de prensión manual, emerge como un potencial indicador clínico útil, accesible y relevante para detectar a personas con mayor riesgo de fracturas. Además, entender que el hueso y el músculo están estrechamente interrelacionados podría ser fundamental para disminuir en los próximos años el impacto personal y social que tienen las fracturas por fragilidad en el adulto mayor.
Referencias
Cacciatore, S., Prokopidis, K., & Schlögl, M. (2025). Osteoporosis and sarcopenia: two sides of the same coin. European geriatric medicine, 16(5), 1749–1752. https://doi.org/10.1007/s41999-025-01275-z
Sanchez-Rodriguez, D., Bellanger, A., Iconaru, L., Baleanu, F., Hambye, A. S., de Filette, J., Mugisha, A., Benoit, F., Surquin, M., Bergmann, P., & Body, J. J. (2025). Osteosarcopenia, sarcopenia, and their associations with validated recent fragility fractures in older women: applying seven definitions in the FRISBEE 2 study. European geriatric medicine, 16(5), 1759–1770. https://doi.org/10.1007/s41999-025-01273-1
