Por el Dr. Juan Pablo Ledesma Heyer, Médico Internista y Geriatra.
Tenemos un mar pleno por delante, un camino nuevo por descubrir, por recorrer cada día. Comenzar siempre nos da la oportunidad de decir “borrón y cuenta nueva” de resetearnos.
Así es que la oportunidad que nos brinda este año nuevo es precisamente para reflexionar cómo tener una etapa diferente. Esto es un acto profundamente humano, un acto de conciencia y un acto de amor propio.
Le puedes poner una fecha como el cambio de ciclo, el cambio de año, la navidad o tu cumpleaños. Tu mente puede decir, bueno a partir de este evento quiero hacer un cambio, un inicio nuevo.
Todos hemos vivido inicios, algunos inicios nos han marcado mucho, por ejemplo, el primer día de la escuela, la primera vez que trabajé, mi primer día fuera de casa, mi primera mudanza, el día que me casé o que nació mi hijo o mi hija. Todos hemos vivido inicios y tal vez algunos fueron más pequeños, casi imperceptibles, por ejemplo, el día que decidimos cambiar una rutina, dejar un hábito o iniciar un hábito nuevo.
Pero hay un tipo de comienzo del que se habla poco y es el que sucede cuando ya hemos vivido muchas cosas, cuando cargamos una historia, cuando nos hacemos viejos. Cuando quizás sentimos que ya no hay tanto por iniciar. Es decir, cuando empezamos a decir, bueno, ya nada me sorprende, ya todo lo he vivido, tengo mucha experiencia en esto.
Cuántas veces escuchamos o nos decimos esa frase cruel de “ya es tarde para mi” “ya estoy viejo” “se me fue el tren”. Está demás decir nunca es tarde para empezar.
«Envejecer es cuando dejamos de soñar, es cuando ya no tenemos metas ni planes por cumplir, cuando creemos que las cosas ya no tienen sentido, ahí es cuando empezamos a envejecer»
Iniciar de nuevo es una oportunidad que nos da la vida, que nos da el día a día, que nos da el abrir de ojos, la salida del sol todas las mañanas. Comenzar siendo adulto mayor no es volver atrás, comenzar es mirar hacia adelante con los ojos de quien ya sabe lo que es perder,ganar, equivocarse, levantarse y seguir, es empezar desde un lugar más sabio, desde una madurez que realmente no teme tanto al ridículo ni al error. Es lo que vamos aprendiendo a medida que envejecemos.
Así es que tú, si ya te consideras experto en la vida por todos los golpes, baches, dificultades que has librado, y qué tal vez estás pensando que ya no tiene más remedio o que la vida no te puede enseñar más, hagamos de este día un momento especial. Antes de entrar en la rutina, en la frenética del día a día, tomemos un espacio para replantear o proponernos un plan de vida y hacer de él nuestra brújula que nos dé sentido.
Pero, ¿De qué hablamos cuando hablamos de plan de vida?
No es solamente una lista de propósitos de año nuevo: hacer ejercicio, bajar de peso, dejar de fumar. No es solamente hacer esa lista típica, tal vez trillada, que muchas veces olvidamos antes de que termine el mes de Enero, ni tampoco es un guion rígido que tengamos que cumplir al pie de la letra. En realidad es una brújula personal, una dirección, una forma de decidir cada día en qué queremos poner nuestra energía, nuestro tiempo, nuestra atención, nuestros esfuerzos.
Nuestro plan de vida es algo íntimo, es algo que puede cambiar, es algo dinámico, es algo que no está escrito sobre piedra, pero sobre todo, es una manera de cuidar nuestro sentido de vida. Porque la vida puede volverse inercia, rutina, un sin sentido.
Muchos llegan a la vejez sin un plan, simplemente llegan dejándose llevar. Esto es una advertencia, porque la ausencia de un plan muchas veces se parece a la ausencia de deseo y cuando perdemos el deseo, empezamos a desaparecer un poquito, a desvanecernos.
Aquí empezamos a hablar de prevención, de hacer planes y viene lo que se conoce como “gerontoprofilaxis”. La gerontoprofilaxis es prevenir, es tener la idea de prepararnos para envejecer bien, no cuando lleguen los achaques, no cuando ya no podamos movernos, sino antes. Es decidir ver por nuestra salud física, mental y emocional para nuestra vejez. No es evitar la vejez (lo cual sería absurdo) si no para vivirla de la mejor manera posible. Es decirnos
“Quiero valerme por mi mismo el mayor tiempo posible cuando llegue a viejo, quiero seguir aprendiendo, amando, caminando, socializando, riendo y para eso me organizo, me informo y pongo manos a la obra”
Queremos tener derecho a decidir, a participar a ser visibles siendo adultos mayores. Muchas veces la sociedad nos empuja a un rincón por ya no ser tan productivos, porque nos transformamos en una carga. Entonces, el plan de vida en este sentido es una forma de activismo personal, es decir, mi vida me pertenece y la sigo construyendo, no importa la edad que tenga. Porque si tenemos un plan y si elegimos, si participamos y si nos proyectamos, entonces no somos lo que están queriendo que seamos, sino que somos el autor de nuestra propia historia. Efectivamente, no podemos controlarlo todo, pero podemos tener un poco más de decisión sobre nuestra vida, sobre lo que deseamos y lo que proyectamos para el futuro.
Así que hoy simplemente te invito a comenzar, no por obligación, no porque esté de moda, no porque sea año nuevo, sino porque podemos empezar otra vez, porque la vida no se acaba mientras tengamos la capacidad de preguntarnos ¿qué quiero ahora?
Que cada uno encuentre su propio comienzo, grande o pequeño, silencioso o muy visible, pero que sea el comienzo de cada quien, y que nos dé una sensación de sentido para vivir, aquí es donde se afirma la vida.



