Cuidar a un adulto mayor no necesariamente es pesado o cansado, incluso, puede ser una experiencia gratificante y profundamente significativa. La carga (cuando lo es) dependerá en gran medida de qué tanto tiempo lo tenemos que hacer, así como del estado y necesidades que tiene la persona mayor, pero puede ser particularmente difícil cuando:
- Hay presencia de deterioro cognitivo (como pasa con personas que sufren demencia): cambios de personalidad, olvidos constantes, conductas difíciles de llevar, agitación, entre otros retos que se pueden presentar.
- Hay dependencia física alta: necesidad de ayuda para la mayoría delas actividades básicas como comer, bañarse, moverse dentro del hogar o para salir de casa.
- Hay resistencia al cuidado: la persona se niega a los cuidados o rechaza su condición médica.
- Relación previa complicada con la persona: antecedentes de conflictos o maltrato que generan tensiones frecuentes durante el cuidado.
- El cuidado se extiende por mucho tiempo: empieza a acumularse el cansancio, más si la persona mayor tiene alguna condición crónica que empeora con el tiempo.
- Hay poco o nulo apoyo externo: los cuidados recaen en una sola persona, lo que aumenta significativamente la carga de cuidados.
¿Qué pasa si no ponemos límites?
Cuidar a un adulto mayor puede ser demandante para la o él cuidador por diversas razones que muchas veces confluyen:
- Desgaste físico: por movilizar a la persona mayor, por dormir mal (por estrés o por interrupciones constantes) o por falta de autocuidado.
- Desgaste mental: cuando no hay horarios, tampoco hay descansos reales, pueden presentarse interrupciones constantes o dar la sensación de que siempre estamos disponibles.
- Carga emocional constante: no solamente hacemos tareas de cuidados básicos, también sostenemos las emociones, damos acompañamiento, nos preocupamos, resolvemos constantemente…
- Falta de tiempo personal: tenemos menos tiempo para hacer lo que nos gusta o para pasar tiempo con los nuestros.
Cuando una persona, sea un familiar o un cuidador formal, no establece límites en su labor, lejos de “hacer un bien”, suele generar un desequilibrio entre lo que entrega y el desgaste que esto le implica.
Esta situación puede derivar en agotamiento, irritabilidad, fluctuaciones emocionales, maltrato, conflictos con su propia familia o en su entorno laboral (cuando además tienen otro empleo) y en última instancia, en un deterioro progresivo de su salud física y mental.
Siete estrategias para poner límites sanos
1. Reconocer nuestros propios límites
Lo primero es reflexionar sobre la necesidad de los límites que quieres poner. Antes de externarlos, necesitas tenerlos claros internamente:
- ¿Qué te desgasta más? (tiempo, emociones, tareas físicas)
- ¿Qué sí puedes dar sin sentirte sobrepasado/a?
- ¿Qué ya no puedes seguir haciendo sin afectar tu salud (física o mental)?
No olvidar: Si tú no defines el límite, el entorno lo seguirá cruzando frecuentemente.
2. Comunicar los límites con claridad
Es importante externar claramente los límites que queremos poner, tanto con la persona mayor como con otras personas involucradas en el cuidado. No necesitamos sonar defensivos, pero es importante que queden claros y hacerlo de manera respetuosa, sin que para ello hagan falta explicaciones largas o que suenen a “pedir permiso”.
Ejemplos:
- “No puedo estar disponible todo el día, necesito descansar por las tardes.”
- “Puedo ayudar con esto, pero necesito apoyo con lo demás.”
- “Para poder seguir apoyando, también necesito cuidarme.”
3. Definir horarios y roles
El cuidado sin estructura lleva al agotamiento. Aún si somos el cuidador principal, no podemos hacerlo todo, por todo el tiempo. Para ello:
- Establece horarios de atención y de descanso
- Delimita tareas: qué haces tú y qué no
- Si hay familia: reparte responsabilidades (aunque sea poco a poco)
Qué decir:
- “Voy a estar disponible hasta cierta hora, luego necesito desconectarme.”
- “En este horario puedo ayudar mejor.”
- “Después de esto voy a tomar un descanso.”
4. Aprender a decir “no” sin sentir culpa
Esta parte puede resultar especialmente difícil para quienes, en general, encuentran complicado poner límites, no solo en el rol de cuidador sino también en otras áreas de su vida. Sin embargo, es un proceso que puede construirse poco a poco: aprender a reconocer las propias necesidades, expresarlas con claridad y sostenerlas como parte fundamental del cuidado, en beneficio no solamente propio, sino también de la persona mayor.
Ejemplos de lo que puedes decir:
- “Me gustaría ayudarte, pero en este momento no puedo.”
- “Hoy no me es posible, pero podemos verlo otro día.”
- “Voy a necesitar descansar un poco, después continúo.”
5. Buscar apoyo (aunque cueste)
Contar con una red de apoyo no es un lujo, es una necesidad. Las demandas que pueden implicar el cuidado de un adulto mayor difícilmente pueden ser asumidas por una sola persona sin generar desgaste extremo.
Tener una red de apoyo permite distribuir responsabilidades, tomar descansos y prevenir el colapso del cuidador. Para esto es importante hablar con otros familiares, pero también pueden ser de ayuda servicios profesionales (cuidadores formales) cuando éstos se pueden cubrir.
Algunos ejemplos de cómo buscar apoyo son:
- “Me ayudaría mucho si alguien más pudiera apoyar en esto.”
- “Creo que si nos organizamos entre todos será más llevadero.”
Aunque en ocasiones sirve más delegar tareas específicas:
“Ayudaría mucho si ustedes se encargan de llevar a mamá a las sesiones de fisioterapia los martes y jueves”
“Yo puedo estar en las mañanas, ¿te parece si tú cubres las tardes dos veces por semana?”
6. Aprender a reconocer señales de alarma
Cuando empezamos a observar que tenemos:
• Cansancio constante
• Irritabilidad o enojo frecuente
• Aislamiento social
• Problemas de salud propios
Es momento de detenernos y prestar atención. Estas señales no deben minimizarse ni normalizarse, ya que suelen indicar un nivel de desgaste importante. Reconocerlas a tiempo permite hacer ajustes antes de que el agotamiento sea mayor.
Es momento de pedir apoyo, redistribuir responsabilidades, tomar descansos y, si es necesario, buscar orientación profesional.
7. Tener un plan de ausencia
Cuidar a una persona mayor puede implicar dejar de asistir a la graduación de un hijo, una reunión con amigas, un viaje familiar o incluso posponer una cita médica propia. Aunque el cuidado puede afectar nuestra disponibilidad de tiempo, también es fundamental reconocer que no todo puede ni debe girar en torno a esta labor.
Es recomendable anticiparse: hacer una lista de eventos y citas que consideramos prioritarios y organizar con tiempo quién podría sustituirnos en esos días. Para abordarlo con familiares de apoyo, puede servir decir:
- “En dos semanas tengo un compromiso familiar. Me gustaría que lo agendáramos desde ahora para organizarnos y que alguien pueda sustituirme.”
- “Necesito empezar a reservar algunos espacios personales. ¿Podemos repartirnos ciertos días al mes para que todos apoyemos?”
- “Me ayudaría mucho si entre todos vemos qué fechas importantes tiene cada quien y armamos un calendario para cubrirnos.”
En resumen
Poner límites no significa ser egoísta, es una forma de delimitar qué tanto y hasta dónde podemos llegar sin que esto comprometa nuestra salud, haciendo sostenible (y de mejor calidad) la labor de cuidados a través del tiempo…
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Autor: Rocio Erandi Heyer Osorno– Licenciada en Biología y Maestra en Neurociencias, con experiencia en trabajo técnico y de investigación en áreas de neurociencia y biología molecular, asi como en docencia y redacción de textos científicos. Apasionada de la divulgación de la ciencia y el arte.

