Envejecimiento poblacional ¿desafíos o nuevas oportunidades?

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024), en el año 2030, 1 de cada 6 personas en el mundo tendrá 60 años o más, y se estima que en el año 2050 la población mundial con personas cursando su sexta década se duplique.

El fenómeno del “envejecimiento poblacional” es real y está pasando en prácticamente todo el mundo: comenzó en países con altos ingresos (como Japón y varios países Europeos) pero actualmente los cambios más marcados se observan en países de bajos y medianos ingresos (incluída toda America Latina).

Definitivamente, pensar que cada vez habrá más “viejos” suele despertar una mezcla de preocupación y temor. La idea de que habrá más adultos mayores y menos jóvenes suele traducirse en discursos centrados en “crisis sociales” que se aproximan:

  • Sistemas de salud saturados
  • Pensiones insuficientes y mayor gasto público
  • Familias desbordadas (sobre todo los cuidadores informales)
  • Menor proporción de población activa

Sin embargo, reducir el envejecimiento poblacional a “un gran problema” sería ignorar una de las mayores conquistas de la humanidad: vivir más años.

El aumento en la esperanza de vida a nivel mundial no fue un accidente demográfico: fue el resultado de los avances en la medicina, la salud pública, la educación y las condiciones de vida.

En este sentido, el envejecimiento poblacional no debería verse únicamente como una carga, sino como un logro colectivo que nos invita a replantear las prioridades que tenemos como sociedad.

Viéndolo desde otra perspectiva, las personas mayores no son “personas con limitaciones” son individuos con historias, experiencias, capacidades y deseos que continúan evolucionando. En ellas reside un capital invaluable: memoria histórica, conocimiento acumulado, resiliencia y, en muchos casos, una profunda capacidad de empatía y de adaptación.

Sin embargo, por optimistas que queramos ser, los retos del envejecimiento poblacional son reales y tampoco deben minimizarse.

Más personas mayores indudablemente implicará:

  • Un aumento en la incidencia y prevalencia de enfermedades crónicas
  • Necesidad de cuidados por tiempos más prolongados
  • Mayor presión sobre los sistemas de salud y el gasto público
  • La necesidad de adaptar los espacios comunitarios y la tecnología a las necesidades de los adultos mayores

Pero definitivamente, el reto que más nos preocupa (desde una visión humanista) es la del cuidado. Millones de personas en el mundo (mayormente mujeres) cuidan a personas mayores, generalmente dentro de las familias (de manera informal).

¿Cómo evitaremos que haya cada vez más cuidadores o cuidadoras colapsadas y todo lo que esto pueda implicar?  

Otro desafío importante es el combate al edadismo (la discriminación basada en la edad) que limita oportunidades y reduce la participación de las personas mayores en ámbitos clave como el laboral, el tecnológico y el comunitario.

Combatir el edadismo implicará transformar no solo las políticas públicas, sino también creencias culturales profundamente arraigadas.

Sin embargo, estos retos más que percibirse con angustia o preocupación, pueden verse como valiosas oportunidades de cambio. Una población que envejece también puede significar:

Impulso de la “economía plateada que podrá abrir la puerta a nuevas ideas, productos y servicios pensados para las personas mayores. Esto no solo mueve la economía, también ayuda a que adultos mayores vivan mejor, con más autonomía y con más opciones.

Más convivencia intergeneracional. Cuando niños,  jóvenes y personas mayores conviven más, se comparten historias, aprendizajes y formas de ver la vida que enriquecen de una forma muy profunda y particular.

Mayor unión familiar. Nos gusta imaginar que el envejecimiento poblacional traerá consigo, de manera gradual, una mayor cohesión familiar, derivada de más conciencia y participación de todos los integrantes en las tareas de cuidados y otras situaciones desafiantes.

Crecer la participación y la unión en la comunidad. Se pueden crear más redes de apoyo, vecinos que se ayudan y espacios donde las personas se sientan acompañadas y parte de algo. Se fortalecerá así el sentido de pertenencia (que tanto falta nos hace hoy día).

  • Impulso del concepto de envejecimiento sano y activo. Esto permitiría que más personas lleguen a edades avanzadas con buena calidad de vida y autonomía. Podríamos incluso atrevernos a sospechar que el envejecimiento activo, será en un momento dado, una opción que no se podrá descartar (casi obligatoria), pero para esto deberán abrirse espacios que sean justos e incluyentes.

Entonces, el reto, no es evitar que la población envejezca, sino aprender a envejecer como sociedad.  Envejecer no tiene que ser sinónimo de pérdida, sino una etapa más del desarrollo humano, con sus propios desafíos y nuevas posibilidades.

La forma en que respondamos al envejecimiento poblacional no solo definirá la calidad de vida de las personas mayores, sino también el tipo de sociedad que queremos construir:

una que excluye y teme el paso del tiempo, o una que reconoce la experiencia, cuida con dignidad y aprecia cada etapa de la vida...

Referencias

World Health Organization. (2024). Ageing and health. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ageing-and-healt

Te puede interesar…


Autor: 
Rocio Erandi Heyer Osorno Licenciada en Biología y Maestra en Neurociencias, con experiencia en trabajo técnico y de investigación en áreas de neurociencia y biología molecular, asi como en docencia y redacción de textos científicos. Apasionada de la divulgación de la ciencia y el arte.

Ver más de

Publicidad