¿Qué es un reloj cerebral o reloj de edad cerebral?
Los llamados “relojes cerebrales” son modelos matemáticos o computacionales novedosos (muchas veces basados en el uso inteligencia artificial) que analizan datos de la función y/o anatomía del cerebro para estimar una “edad cerebral”, entre ellos:
- Imágenes cerebrales (generalmente obtenidas por resonancia magnética)
- Actividad eléctrica del cerebro (mediante electroencefalogramas)
- Marcadores biológicos o moleculares (como depósitos de ciertas proteínas en el cerebro o cantidad de algunos metabolitos cerebrales)
- En algunos casos, se usan datos de pruebas de rendimiento cognitivo u otros datos clínicos de los participantes
Asi, estos modelos cerebrales puede evaluar el envejecimiento acelerado o retrasado del cerebro mediante la comparación entre:
- La edad cronológica: la que viene determinada por nuestra fecha de nacimiento
- La edad cerebral: predicciones de la edad cronológica basada en los datos de función y anatomía del cerebro
A esta diferencia se le conoce como «brecha de edad cerebral”. Por ejemplo, si tu edad cronológica es 60 años, pero tú edad cerebral estimada es de 50, indicaría un proceso de envejecimiento cerebral bastante saludable.
No existe un único diseño de reloj cerebral: varía según los datos disponibles, la tecnología y el propósito para el cual se está modelando (lo que se quiere investigar).
En todos los casos, para poder estimar la “edad cerebral” de manera precisa, el modelo de reloj cerebral debe basarse en patrones de envejecimiento ya conocidos que se obtienen previamente de muestras grandes (e idealmente variadas) de personas sanas, donde se pueda ver cómo envejece el cerebro de manera típica o normal según la edad.

¿Qué usos se les puede dar a estos relojes?
Los relojes de edad cerebral son herramientas innovadoras que más allá de medir el envejecimiento del cerebro, ayudan a identificar factores que pueden acelerarlo o retrasarlo, así como a detectar de manera temprana posibles alteraciones cognitivas.
Además, permiten estudiar el impacto de enfermedades, condiciones sociales y estilos de vida en la salud cerebral, e incluso evaluar qué intervenciones podrían proteger el cerebro.
Entonces ¿Pueden estos “relojes cerebrales” mostrar diferencias en cómo envejece el cerebro en distintas poblaciones y en enfermedades neurodegenerativas?
Aunque todavía hay pocos estudios sobre el tema, una investigación reciente (Moguilner et al., 2024, ver referencia abajo) analizó modelos de reloj de edad cerebral en 5,306 personas (con diferentes rangos de edad) de 15 países del mundo, utilizando datos de resonancia magnética funcional y electroencefalograma.
Sus resultados mostraron que, en promedio, las personas de América Latina y el Caribe (incluyendo México, Perú, Colombia y Argentina, entre otros) presentaban una “edad cerebral mayor» en comparación con personas de la misma edad en otros países como Estados Unidos, Japón, China, Reino Unido y varios países europeos.
Las diferencias anteriores se asociaron con factores como la desigualdad socioeconómica, la contaminación ambiental y las disparidades en el acceso y calidad de la salud. Además, observaron que la brecha entre la edad cronológica y la edad cerebral aumenta de forma progresiva según el estado cognitivo de las personas: es menor en personas sanas, mayor en quienes tienen deterioro cognitivo leve y aún más marcada en personas con enfermedad de Alzheimer.
- Un dato particular es que estas diferencias fueron especialmente pronunciadas en las mujeres dentro del grupo de países de Latinoamérica.
¿Pueden las actividades creativas reducir el envejecimiento cerebral?
Si bien, estos modelos de reloj cerebral pueden ayudar a identificar condiciones sociales y ambientales que pueden acelerar el envejecimiento del cerebro, también podrían ser herramientas útiles para encontrar factores que lo protegen.
Otro estudio más reciente (Coronel-Oliveros et al., 2025, ver referencia abajo) investigó si realizar actividades creativas puede ayudar a mantener el cerebro más saludable con el tiempo. Para esto, analizaron a 1,472 personas (desde los 17 hasta los 91 años de edad) utilizando datos de electroencefalogramas (EEG), modelos computacionales y técnicas de inteligencia artificial. Con estos datos, estimaron su reloj de edad cerebral.
El estudio comparó a personas expertas y no expertas en distintas actividades creativas (como bailar tango, tocar música, dibujar o jugar videojuegos que requieren solución de problemas), agrupados según la edad, el sexo, la educación y su lugar de origen. Además, incluyó un grupo que aprendió a jugar videojuegos en un periodo corto de tiempo para observar cambios antes y después del aprendizaje.
Los resultados fueron claros: las personas que participan en actividades creativas (del tipo que sea) tienden a tener un cerebro más joven que las que no.
Este efecto fue más fuerte en quienes tenían mayor experiencia y nivel de habilidad (para todos los tipos de actividades creativas), indicando que la práctica prolongada tiene un mayor impacto en la salud cerebral.
También se observaron mejoras en el cerebro de las personas que aprendieron a jugar un videojuego a corto plazo, aunque los efectos no fueron tan marcados como en aquellos con mayor experiencia en las actividades creativas.
Conclusión
Los relojes cerebrales son herramientas científicas innovadoras que estiman la edad del cerebro a partir de datos como imágenes, actividad eléctrica y biomarcadores cerebrales. Más allá de una medida técnica, ofrecen una forma de comprender cómo vivimos y cómo envejecemos, al comparar la edad cronológica con la edad cerebral y revelar si nuestro cerebro envejece de manera saludable o acelerada.
Esto modelos no solo reflejan procesos biológicos, sino las condiciones en las que transcurre la vida. Factores como la desigualdad social, el acceso a los sistemas de salud o el entorno ambiental influyen en cómo envejece el cerebro, poniendo en evidencia que el envejecimiento no es igual para todos.
Asimismo, muestran que experiencias significativas, como la creatividad y el aprendizaje, pueden proteger e incluso mejorar la salud cerebral, reforzando la idea de que nuestras actividades, vínculos y contextos pueden moldear de manera importante nuestro bienestar físico y mental.
Referencias
Coronel-Oliveros, C., Migeot, J., Lehue, F., Amoruso, L., Kowalczyk-Grębska, N., Jakubowska, N., Mandke, K. N., Seabra, J. P., Orio, P., Campbell, D., Gonzalez-Gomez, R., Prado, P., Cuadros, J., Tagliazucchi, E., Cruzat, J., Legaz, A., Medel, V., Hernandez, H., Fittipaldi, S., Altschuler, F., … Ibanez, A. (2025). Creative experiences and brain clocks. Nature communications, 16(1), 8336. https://doi.org/10.1038/s41467-025-64173-9
Moguilner, S., Baez, S., Hernandez, H., Migeot, J., Legaz, A., Gonzalez-Gomez, R., Farina, F. R., Prado, P., Cuadros, J., Tagliazucchi, E., Altschuler, F., Maito, M. A., Godoy, M. E., Cruzat, J., Valdes-Sosa, P. A., Lopera, F., Ochoa-Gómez, J. F., Hernandez, A. G., Bonilla-Santos, J., Gonzalez-Montealegre, R. A., … Ibanez, A. (2024). Brain clocks capture diversity and disparities in aging and dementia across geographically diverse populations. Nature medicine, 30(12), 3646–3657. https://doi.org/10.1038/s41591-024-03209-x
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Autor: Rocio Erandi Heyer Osorno– Licenciada En Biología y Maestra en Neurociencias, con experiencia en trabajo técnico y de investigación en áreas de Neurociencia y Biología Molecular, asi como en docencia y redacción de textos científicos. Apasionada de la divulgación de la ciencia y el arte.

