Incertidumbre en el diagnóstico: perder palabras pero no el mundo

Las personas tendemos a situarnos ante el mundo anudando nuestras palabras en redes semánticas que atrapan la realidad.

A eso llamamos «empalabrar»: asirnos a la realidad con nuestro lenguaje.

Esto vuelve importante la forma en que se usan las palabras para nombrar las cosas, a los demás, a los lugares y a uno mismo. Las palabras tienden a heredarse de otros que, muchas veces, ya no habitan este lugar, pero que nos han dejado huellas de su paso en los espacios por los que deambulamos, en las costumbres que tejen la práctica, sosteniendo lo cotidiano, pero, sobre todo, en los actos de cuidado que nos permiten persistir aquí, vivos.

Este empalabrar por medio del lenguaje permite que la manera de habitar se facilite o se dificulte en el día a día en base a los términos que usemos. Ya sea para alcanzar un objetivo al usar un lenguaje positivo; o para encontrar consuelo y compañía usando un lenguaje compasivo; para extraer recursos y aprovecharlos con un lenguaje mesurado; pero, sobre todo, para autocuidarnos con palabras que medien las  prácticas para construir nuestro hogar.

Dicho esto, él o la paciente que presenta un deterioro en sus habilidades para nombrar, recordar, navegar y, básicamente, empalabrar su mundo, para usar sus palabras de forma efectiva, se ve empujado a la incertidumbre de poder continuar tejiendo una cotidianidad que dé sostén a la fiesta, a la vida, a su biografía y a su realidad.

La incertidumbre es un sentimiento que se refiere a la falta de seguridad, de conocimiento seguro. Es básicamente la vivencia de la suspensión de garantías, en la que la conciencia del sujeto encuentra su límite en su capacidad de predecir un futuro dado y, con ello, surge la dificultad para ejercer su agencia moral. Suele ir acompañado de la angustia que surge de la tristeza de un pasado añorado y de la apertura de los sentidos en demasía, desde vulnerabilidades imaginadas hacia el futuro. 

La persona que acude a un médico o médica con una dificultad para poder empalabrar, derivada de un problema de memoria, suele buscar certezas que le permitan hacer frente a la angustia y la incertidumbre que produce el imaginar no poder hacer frente a su realidad por la pérdida de contacto con la misma. El resultado habitual de estas consultas suele ser decepcionante, ya que nos centramos en una batería interminable de exámenes, en la prescripción de medicamentos y en la recomendación de que haga crucigramas.

Por ello, me permito dar algunos consejos que le ayuden a usted, para que alivie la incertidumbre y angustia que implica el no tener un diagnóstico claro de lo que le ocurre cuando la memoria no llega a funcionar del todo bien.

  1. Acepte que algo está ocurriendo. Esto no hace que se vuelva deseable, sino que nos amplía la visión y nos permite aprender más de la realidad y seguir habitándola.
  2. Céntrese en el aquí y el ahora. En todo momento, la vida requiere que ocurran más cosas que le faciliten su estar que cosas que le imposibiliten su bienestar, así que hoy, usted está vivo; enfoque su energía en lo que sí puede hacer que le dé bienestar y no en la rumiación constante de que algo estará mal allá y entonces.
  3. No tema pedir que le escriban el diagnóstico, solicitándole alguna fuente donde usted y su familia puedan revisar a detalle el mismo. Los médicos y médicas suelen usar palabras que creen son términos comunes y coloquiales, de fácil comprensión.Nunca está de más solicitar una hoja donde nos haga el médico/a un pequeño diagrama explicando qué nos ocurre.
  4. Sepa que no todos los procesos de pérdida de memoria terminan en discapacidad funcional. Mucho depende del lugar y la comunidad  donde habitamos. Quizá sea tiempo de hacer una pequeña limpieza de nuestros espacios para dejar solo lo que realmente nos proporciona gusto y bienestar.
  5. No tema nombrar lo peor de la situación y prepárese para ello. Esto permite reducir significativamente la ansiedad cuando sabemos que podemos enfrentarnos al peor de los escenarios con los recursos, las personas y los lugares en los que habitamos.
  6. Nunca deje para después la cuestión legal. Prepárese y acuda a un/a abogado/a que le oriente sobre la mejor forma de prepararse para el caso de que su relación con el Estado se vea imposibilitada por un problema de memoria en trámites administrativos.
  7. Busque certeza en lo constante de cada día y no en lo incierto. En que, en todo momento, se cuenta con usted mismo para cuidarse y cuidar a los otros.
  8. No sirve demasiado recordar cosas que hicimos, sino más bien realizar cosas con las habilidades presentes del hoy. Ponernos actividades con objetivos significativos para uno, pero, sobre todo, realistas, nos permite continuar ejercitando y manteniendo habilidades.

«Perder la memoria implica ir perdiendo palabras con las que hasta ahora habíamos logrado ordenar el mundo. «

Nuestra capacidad de empalabrar puede disminuir pero quedarnos sin algunas palabras no significa salirnos del mundo, ni que no podamos aprender nuevas formas.

Reconocer aquello que nos hace bien, participar de nuestros espacios, vincularnos con otros, tomar decisiones y encontrar sentido en lo que podemos hacer, seguirá siendo posible aún cuando olvidemos algunas cosas.

«Recomiendo ante la incertidumbre, no centrarnos en encontrar un diagnóstico, sino en construir comunidad en condiciones que permitan continuar viviendo con compasión.«

Habrá palabras que olvidemos, lugares que necesitemos volver a aprender y tareas para las que quizá necesitemos de otros; pero también permanecerán afectos, costumbres, capacidades y actos de cuidado capaces de sostener nuestra biografía.

Una vida no está hecha solo de aquello que podemos recordar de ella. También está hecha de quienes permanecen a nuestro lado y de las formas en que, aun frente a la incertidumbre, seguimos cuidando compasivamente de nuestro hogar y de quienes lo conforman.

Quizá de eso se trata el cuidarnos ante la pérdida de memoria:

«no únicamente de intentar conservar las palabras que se van, sino de ayudarnos a seguir empalabrando, juntos, de manera compasiva, el mundo que todavía habitamos.«

Autor: Antonio Kobayashi Gutiérrez. Médico Internista y Geriatra, dedicado a la prevención, diagnóstico y tratamiento integral de enfermedades en adultos y personas mayores. Su práctica médica se basa en la salutogénesis, la salud positiva, la atención centrada en el paciente, la medicina holística y la psicología positiva.

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