Por Juan Pablo Ledesma Heyer. Geriatra clínico y divulgador del proyecto EnvejezSER

A partir de cierta edad, la soledad no llega por falta de deseo de relación, sino por inercia: se acumulan los efectos de la rutina, el cansancio, las pequeñas renuncias que se van juntando. Por eso

la amistad en la vejez no es solo un tema emocional: es un acto deliberado

Llegar a los 60 o más no significa cerrar ciclos sociales, sino abrir nuevas formas de encontrarnos. Los amigos, en esta etapa, pueden tener incluso más valor que antes: nos acompañan sin juicios, nos aligeran los días y, en muchos casos, se convierten en verdaderos pilares emocionales. Sin embargo, muchas veces, nos encontramos solos no porque queramos estarlo, sino porque la vida, sin darnos cuenta, nos ha ido aislando.

Hoy sabemos que mantener vínculos sociales activos puede ser incluso más importante para la salud que dejar de fumar o controlar el colesterol. Entonces, ¿por qué no tratamos a la amistad como lo que es: un asunto de salud pública?

1. El poder del “sí sano”

La apertura como estrategia vital

Después de los 60, el mayor enemigo no es la falta de oportunidades, sino la autolimitación. “No tengo ganas”, “ya es tarde”, “me da flojera”, “no conozco a nadie”. Estas frases, repetidas a lo largo del tiempo, terminan por aislarnos.

¿Una estrategia sencilla? La regla del “sí sano”:

Durante un mes, acepta toda invitación que no atente contra tu salud, tu descanso o tus valores. No importa si es un café, una charla, una clase de tai chi en el parque o una reunión vecinal. No se trata de entusiasmo inmediato, sino de exposición:

mientras más nos exponemos a espacios sociales, más posibilidades hay de reconectar

Además, vencer el miedo al ridículo es liberador. Empezar de cero (en clases de cerámica, ajedrez, escritura, voluntariado) nos ubica en una posición vulnerable, sí… pero también compartida. La mayoría está ahí por lo mismo: buscar pertenencia. La amistad suele nacer donde hay una incomodidad común.

2. Recuperar el hilo

La amistad “retroactiva”

La pandemia, los cambios de casa, las pérdidas o la jubilación interrumpieron vínculos que no estaban rotos, solo estaban dormidos.

¿Y si en vez de empezar de cero, recuperamos amistades del pasado?

Haz una auditoría de contactos: revisa tu libreta, tus fotos antiguas, tus mensajes. Identifica al menos 3 personas con las que no hablas hace más de 5 años y escríbeles esta semana. No necesitas grandes discursos. Un simple mensaje puede abrir una puerta enorme:

“Hoy me acordé de aquella vez que… y me dieron ganas de saber cómo estás.”

Así de simple. Así de poderoso.

3. Amistad intergeneracional

El antídoto contra el viejismo

Relacionarnos solo con personas de nuestra edad puede, sin quererlo, formar una especie de “cámara de eco” de achaques, nostalgias y pérdidas.

Buscar amistad con personas más jóvenes (de 40 años, 30 o en sus 20s) puede ser profundamente refrescante. Aportan energía, nuevas ideas, una mirada actual, y a cambio, tú ofreces algo valiosísimo hoy: tiempo, perspectiva, experiencia y escucha.

¿Dónde encontrar esos espacios?

Las opciones son muchas: clubes de lectura, talleres artísticos, jardines comunitarios, espacios para intercambios de idiomas o mentoría voluntaria, grupos parroquiales (si profesamos alguna religión). Cuando hay intereses comunes, la edad deja de importar.

4. Amistades con el sexo opuesto

Romper tabúes sin culpas

Durante décadas, la amistad entre hombres y mujeres estuvo cargada de sospechas, tabúes o celos. Hoy podemos (y deberiamos) normalizar las amistades entre géneros.

Salir a caminar con un amigo varón o tomar un café con una amiga del taller de historia no debería generar explicaciones ni culpa. La transparencia emocional (decir con naturalidad lo que se hace y con quién) desactiva conflictos antes de que empiecen.

Además, estos vínculos enriquecen emocionalmente: los hombres suelen beneficiarse del mundo afectivo de sus amigas; las mujeres, del humor y la espontaneidad de sus amigos.

Propuestas de acción directa

Te proponemos cuatro pasos sencillos para activar o reactivar tu red social después de los 60:

ObjetivoAcción concreta
MantenerEstablece un día fijo al mes para comer o caminar con amistades de siempre. La rutina protege el vínculo.
RecuperarHaz una lista de 3 personas con las que no hablas hace más de 5 años y escríbeles esta semana.
Hacer nuevasInscríbete en una actividad donde seas principiante. La vulnerabilidad une.
IntergeneracionalOfrece mentoría o busca intercambios con personas jóvenes. Puedes enseñar lo que sabes o aprender algo nuevo.

Para terminar, 5 claves para llevarte contigo

  1. La amistad después de los 60 no llega sola: se cultiva.
    Decir “sí” a nuevas experiencias puede ser la llave para reencontrarte con los demás y contigo mismo.
  2. Reconectar con amistades del pasado es más fácil (y menos incómodo) de lo que crees.
  3. La mezcla generacional enriquece y rompe el aislamiento.
  4. Vínculos entre hombres y mujeres no siempre son románticos; muchas veces son profundamente nutritivos.

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