Cuando hablamos de demencia nos referimos a un desorden progresivo de las funciones intelectuales superiores tales como: la memoria, el lenguaje y otras habilidades cognitivas que afectan las actividades de la vida diaria de una persona.
Ahora bien, no todo olvido es motivo de alarma. Con el paso de los años es normal experimentar pequeños fallos de memoria. A estos se les conoce como “olvidos benignos” y forman parte del envejecimiento normal del cerebro.
Estos olvidos suelen distinguirse porque:
- No impiden llevar a cabo las actividades cotidianas
- La información se recuerda más tarde
- La persona es consciente de que ha olvidado algo
Algunos ejemplos comunes de olvidos normales son:
- Entrar a una habitación y no recordar a qué se iba
- Perder objetos ocasionalmente (llaves, lentes)
- Olvidar una cita, pero recordarla después
- Necesitar listas o recordatorios
- Tardar más en aprender algo nuevo
¿Qué diferencia el deterioro cognitivo leve de la demencia?
Existe una condición que también implica fallos en la memoria llamada deterioro cognitivo leve. En estos casos:
- Hay problemas de memoria que pueden notar la persona o sus familiares
- Un profesional puede detectar algunos cambios
Sin embargo, en estos casos la persona sigue siendo independiente. Es decir, aún puede trabajar, tomar decisiones y manejar su vida diaria.
La diferencia clave con la demencia es que, cuando ésta aparece, la persona pierde progresivamente su autonomía y necesita ayuda para todas sus actividades cotidianas.
Primeros signos de demencia
Los cambios de humor y comportamiento en personas con demencia a veces ocurren antes de que aparezcan los problemas de memoria. Cuando la demencia es por una enfermedad neurodegenerativa (como ocurre con el Alzheimer) los cambios se empeoran con el tiempo hasta el punto en que se necesita ayuda con casi todas las actividades de la vida diaria.
Los primeros síntomas que pueden indicar una demencia son:
- Olvidar cosas o eventos recientes
- Perder o extraviar objetos
- Desorientarse al caminar o conducir
- Sentirse confundido, incluso en lugares conocidos
- Perder la noción del tiempo
- Dificultades para resolver problemas o tomar decisiones
- Dificultades para seguir conversaciones o encontrar las palabras adecuadas
- Dificultades para realizar tareas cotidianas
- Calcular mal las distancias de los objetos visualmente
- Alteraciones del sueño, particularmente insomnio
- Puede observarse incontinencia urinaria de manera ocasional
- Sentirse cansado constantemente
- Problemas con la marcha y el equilibrio
Un dato interesante es que la pérdida del olfato puede hacer sospechar demencia tipo Alzheimer en una etapa inicial. Esto también puede afectar el apetito ya que el sentido del gusto está ligado al del olfato.
Los cambios comunes en el humor y la conducta incluyen:
- Sentirse ansiosos, tristes o enojados cuando se percatan de que olvidan cosas
- Cambios de personalidad (pueden volverse más ideáticos, repetitivos, desconfiados e incluso agresivos)
- Comportamiento inapropiado, por ejemplo, se pueden reír en una situación que no es la adecuada
- Aislamiento del trabajo o de las actividades sociales
- Menor interés en las emociones de los demás (apatía)
- Manifestaciones depresivas
Nota importante: no todas las personas con demencia (aun si se trata del mismo tipo) presentan todos estos síntomas. Además, la evolución no siempre es lineal: puede haber días mejores y días más difíciles.

¿Cómo se hace el diagnóstico de la demencia?
Por lo general, el diagnóstico de una demencia se realiza a través de una evaluación integral, ya que no existe una sola prueba que la confirme. Los pasos generales para hacer el diagnóstico son los siguientes:
1. Historia clínica completa
El profesional (médico, neurólogo o geriatra) recopilará información sobre cambios en la memoria, lenguaje, conducta o funcionalidad, inicio y evolución de los síntomas, antecedentes médicos, medicamentos y contexto familiar.
En muchos casos, las quejas de conducta o memoria se dan por parte de los familiares o cuidadores, no del paciente, ya que una de las principales capacidades que se pierden, particularmente cuando se trata de demencia por Alzheimer, es la de automonitorearse.
2. Evaluación de las funciones cognitivas
Se aplican pruebas estandarizadas para medir funciones mentales de manera general, como:
- Mini-Mental State Examination (MMSE)
- Montreal Cognitive Assessment (MoCA)
Estas evalúan memoria, atención, lenguaje, orientación y habilidades visuoespaciales.
También se puede aplicar una prueba conocida como “Dibujo del reloj” y muchas otras pruebas neuropsicológicas que permiten conocer más a detalle cómo se encuentra cada función cognitiva.
3. Estudios de laboratorio
Se solicitan análisis clínicos para descartar otras causas de deterioro cognitivo o para ayudar a diagnosticar de qué tipo de demencia se trata, como:
- Problemas tiroideos
- Anemia
- Deficiencia de vitamina B12
- Infecciones o intoxicaciones
- Presencia de VIH
4. Estudios de imagen cerebral
Ayudan a observar cambios estructurales y funcionales en el cerebro como son:
- Resonancia magnética
- Resonancia magnética funcional
- Tomografía computarizada
- En algunos casos, se utilizan estudios más avanzados como PET cerebral.
5. Biomarcadores (en algunos casos)
Existen biomarcadores proteicos específicos en sangre o líquido cefalorraquídeo para detectar la presencia de ciertas proteínas que pueden indicar que se trata de una demencia por Alzheimer.
Este tipo de pruebas suelen ser convenientes para detectar la enfermedad en etapas tempranas. Uno de los más prometedores mide una proteína llamada p-tau217 en sangre, que permite diferenciar el Alzheimer de otros tipos de demencia con alta precisión.
Conclusión
La demencia es un trastorno progresivo que afecta funciones cognitivas como la memoria, el lenguaje y la capacidad para realizar actividades diarias. Sin embargo, no todos los olvidos son preocupantes: los llamados “olvidos benignos” forman parte del envejecimiento normal y no afectan la autonomía de la persona.
Los primeros signos de demencia incluyen olvidos frecuentes, desorientación, dificultad para comunicarse o resolver problemas, problemas en tareas cotidianas y cambios en el sueño, la marcha o el equilibrio. También pueden presentarse cambios emocionales y conductuales como ansiedad, apatía, irritabilidad, aislamiento social o alteraciones de la personalidad. En algunos casos, la pérdida del olfato puede ser una señal temprana.
El diagnóstico requiere una evaluación integral que incluye: historia clínica, pruebas cognitivas, estudios de laboratorio para descartar otras causas, estudios de imagen cerebral y, en algunos casos, biomarcadores específicos.
Es importante considerar que los síntomas pueden variar entre personas y no siempre siguen una progresión lineal.
Referencias
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Eric Topol, Predicting and preventing Alzheimer’s disease. Science388,eady3217 (2025).DOI:10.1126/science.ady3217
Ledesma Heyer, J. P., & Valencia Rodríguez, J. de J. (2020). ¡No me acuerdo! El verdadero paciente tras la enfermedad de Alzheimer (2ª ed.). Keli Ediciones.
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