A propósito del dia 10 de octubre, dia Mundial de la Salud Mental
Envejecer puede traer consigo cambios y, en muchos casos, pérdidas -de manera más frecuente que en otras etapas de la vida- que pueden afectar el bienestar emocional de las personas mayores. Con el paso del tiempo puede cambiar:
- el estado de la salud
- la situación económica y laboral
- las capacidades físicas
- los vínculos con otras personas
Además, conforme pasan los años, aumenta la posibilidad de vivir la pérdida de seres queridos —como amistades, hermanos, hermanas o los propios padres—, lo que puede representar un desafío emocional «extra».
Hoy en día, son muchos los estudios que prueban que diferentes actividades y hábitos pueden ayudar a proteger la salud mental y mejorar la calidad de vida durante el envejecimiento.
Sin embargo, no debe perderse de vista que la salud mental no depende únicamente de los recursos individuales, ni se resuelve simplemente con ser “proactivos”. Aunque las acciones personales son importantes, también se necesita contar con oportunidades reales para que el adulto mayor pueda mantener:
- Vínculos
- Proyectos propios
- Participación en su comunidad
- Seguridad
- Entornos accesibles
- Un trato digno y respetuoso
A continuación, mencionaremos cinco factores, que se sabe, pueden ayudar a proteger la salud mental durante la etapa de la vejez:
1. Mantener relaciones significativas
Contar con familiares, amigos o personas cercanas con quienes se tenga una relación de confianza, apoyo y sentido de pertenencia es un factor protector importante de la salud mental en la vejez.
Los vínculos de calidad ayudan a disminuir el sentimiento de soledad, mejoran el estado de ánimo y facilitan la adaptación a las dificultades que pueden aparecer durante esta etapa de la vida.
De hecho, con el paso de los años, algunas personas mayores pueden comenzar a dar menos importancia a las relaciones superficiales y elegir con mayor cuidado con quién compartir su tiempo. Esto puede hacer que reduzcan ciertos encuentros sociales o parezca que ya no tienen tanto interés en asistir a convivencias grandes, pero no necesariamente significa que se estén aislando, sino que están priorizando las relaciones cercanas.
2. Mantenerse físicamente activo
Se sabe que la actividad física regular se asocia con menos síntomas de depresión y ansiedad, además de beneficios para el sueño, la salud física y las capacidades cognitivas.
La clave es encontrar una actividad que nos resulte agradable y que podamos realizar de manera frecuente en la semana, como caminar, bailar, nadar o andar en bicicleta.
También pueden contar actividades cotidianas que impliquen moverse, como cuidar el jardín, hacer las tareas domésticas o salir a hacer compras caminando. Lo importante es incorporar el movimiento de manera regular en el día a día y adaptarlo a nuestras posibilidades y preferencias.
3. Tener un propósito o actividades con significado
Sentir que la vida tiene un sentido y que todavía existen cosas importantes por hacer, aportar o disfrutar es un importante factor protector de la salud mental en las personas mayores.
El sentido de propósito puede surgir de actividades sencillas, relaciones o responsabilidades que hacen que la persona sienta que tiene “algo que aportar”.
Algunos ejemplos son:
- Cuidar o acompañar a otros: apoyar a la pareja, hijos, nietos, amistades o a personas que lo necesiten.
- Compartir conocimientos y experiencias: enseñar un oficio o habilidad, contar historias, orientar a otras personas en base a nuestros conocimientos o fungir como mentores.
- Mantener proyectos personales: aprender algo nuevo, escribir, pintar, mantener un jardín, viajar, estudiar o desarrollar alguna afición.
- Cuidar de otros seres vivos: las mascotas, las plantas o un huerto pueden proporcionar rutinas y responsabilidades significativas.
- Mantener vínculos familiares y sociales: no solo recibir compañía, sino tener un papel activo dentro de la familia, comunidad o el grupo de amigos.
4. Participar activamente en la comunidad
Participar en actividades culturales, recreativas, educativas, de voluntariado, religiosas —cuando éstas forman parte de la vida de la persona— o en comités vecinales, favorece el sentido de conexión y pertenencia, disminuye el sentimiento de soledad, reduce el riesgo de depresión e incluso ayuda a preservar la función cognitiva.
La participación comunitaria es un factor ampliamente estudiado en las personas mayores, y hay bastante evidencia que la relaciona con un mayor bienestar emocional y una mejor calidad de vida.

5. Pedir ayuda y atender a tiempo los problemas de salud
Cuidar la salud mental también significa darnos cuenta cuando algo no está bien o cuando nos está costando mucho trabajo afrontarlo, y buscar apoyo. Si notamos cambios constantes o bruscos en nuestro estado de ánimo, sueño, memoria y otras funciones cognitivas, se debe buscar atención oportuna con un profesional.
También es importante que de tener alguna enfermedad, ésta se trate debidamente, y en caso de ser una enfermedad crónica, que esté bien controlada.
Otro factor que puede alterar nuestra salud mental es la toma de ciertos medicamentos: si notamos cambios después de un nuevo tratamiento o de un ajuste de dosis, se debe comentar al médico para que haga una valoración.
Recordemos que proteger la salud mental no significa tener que resolver todo por nuestra propia cuenta. Saber pedir ayuda también es una forma de autocuidado.
Conclusión
Envejecer puede implicar pasar por cambios y pérdidas grandes o frecuentes, pero también ofrece oportunidades para seguir construyendo bienestar.
Tener vínculos significativos, mantenerse físicamente activo, tener un propósito, participar en la comunidad y saber pedir ayuda son cinco maneras de cuidar la salud mental durante esta etapa de la vida.
Sin embargo, recordemos que no todo depende de la persona: también necesitamos familias, comunidades y entornos que permitan a las personas mayores mantenerse activas, conectadas y seguras.
Cuidar la salud mental en la vejez no es solo una tarea personal, sino una responsabilidad compartida.

Autor: Rocio Erandi Heyer Osorno– Licenciada en Biología y Maestra en Neurociencias, con experiencia en trabajo técnico y de investigación en áreas de neurociencia y biología molecular, asi como en docencia y redacción de textos científicos. Apasionada de la divulgación de la ciencia y el arte.
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