El envejecimiento puede traer cambios en la fuerza, la movilidad y los sentidos de la persona, sin embargo, esto no significa que deba dejar las actividades que hace día a día, ni que ya no pueda decidir por sí misma.
“Cuidar también es reconocer las capacidades que permanecen en la persona y crear condiciones para que puedan seguir utilizándose.”
Cuando una persona mayor empieza a necesitar más tiempo para completar tareas o para hacer las cosas, es natural que queramos ayudarla, incluso, nos solemos adelantar:
- Le abrochamos la camisa
- Le servimos la comida
- Le lavamos la ropa
- Le peinamos o cepillamos sus dientes
- Elegimos su vestimenta
- Le traemos el mandado
En pocas palabras, resolvemos o adelantamos una tarea antes de que la persona tenga la oportunidad de siquiera intentarlo.
Desde luego que lo hacemos con buena intención. Sin embargo, hacer todo o casi todo por la persona puede empezar a mermar su autonomía sin que nos demos cuenta.
Cuando se trata de cuidados hacia una persona mayor, existe una pregunta clave que nos puede ayudar a decidir cuándo y cuánto debemos intervenir:
¿Realmente necesita que lo hagamos por ella, necesita un poco más de tiempo o solamente requiere algo de apoyo para hacerlo por sí misma?
Entonces, ¿cómo ayudamos sin sustituir?
Conservar la autonomía no significa que una persona tenga que hacerlo todo por sí solo. Significa que pueda seguir participando en las decisiones y actividades que todavía puede hacer, aunque necesite algún tipo de apoyo.
Por ejemplo:
- Si una persona puede vestirse sola pero le cuesta abotonarse la camisa, quizá no sea necesario vestirla por completo: podemos facilitarle prendas más sencillas de poner, ayudar solamente con los botones o esperar un poco mientras termina (cuando vemos que solo necesita tiempo).
- Si puede identificar y tomar sus medicamentos, pero tiene dificultad para abrir los envases, podemos facilitarle los recipientes o utilizar un organizador, en lugar de asumir completamente la tarea.
- Si vemos que puede bañarse pero le cuesta trabajo entrar o salir de la regadera, podemos colocar barras de apoyo o una silla de baño (no bañarla completamente).
Lo mismo puede ocurrir con otras actividades como lavarse los dientes, prepararse para salir de casa, usar un teléfono o preparar alimentos.
El objetivo no es que la persona mayor lo haga todo, sino identificar qué puede hacer, qué apoyos necesita para lograrlo y en qué momento requiere que alguien intervenga.
¿Cuándo conviene dejar que lo haga solo?
Siempre que la actividad sea segura y la persona conserve la capacidad para realizarla, conviene darle la oportunidad de hacerlo. .
Puede servir:
- Darle tiempo suficiente, sin apurarla
- Adaptar espacios o herramientas para facilitar la actividad
- Ofrecer instrucciones sencillas si las necesita
- Ayudar solamente en la parte que representa una dificultad mayor
- Aceptar que quizá lo hará de una manera diferente a como nosotros lo haríamos
¿Cuándo sí es necesario ayudar?
Hay situaciones en las que intervenir se trata de un asunto de seguridad para la persona, por ejemplo, cuando la actividad implica:
- Un riesgo importante de caída
- Riesgo de quemadura o incendios
- Riesgo de accidentes al conducir
- Riesgo de atragantamiento
- Errores en la toma de los medicamentos (confundir dosis, horarios o medicamentos)
También puede ser necesario ayudar más (a veces solo de manera temporal) cuando existe una enfermedad o discapacidad que limita algunas capacidades, por ejemplo:
- Después de una cirugía o fractura
- Si hay pérdida auditiva o de la visión
- Después de un accidente cerebrovascular
- Cuando hay discapacidad motora
- Ante enfermedades que causan debilidad o fatiga
Pero incluso en estos casos, la ayuda puede ajustarse a lo que realmente necesita.
«Que alguien necesite apoyo para una actividad por cuestiones de salud no significa que haya perdido la capacidad de hacerla».
¿Cómo encontrar el equilibrio entre dejar que lo haga y apoyar?
Encontrar este equilibrio no siempre es fácil. Muchas veces tendremos que ir viendo sobre la marcha en qué situaciones podemos dejar que la persona lo haga sola y en qué momento intervenir.
Además, no siempre existe un punto preciso en el tiempo en el que podamos decir: “a partir de hoy ya no puede hacerlo sola”.
La pérdida de fuerza, movilidad, visión, audición, equilibrio o de habilidades cognitivas puede ser gradual, de manera que una actividad que antes realizaba sin dificultad puede comenzar a requerir más tiempo, esfuerzo o supervisión.
A veces, estos cambios son tan pequeños que no los vemos hasta que ocurre un tropiezo, una caída, una quemadura, un error con los medicamentos u otro accidente que nos hace evidente que esa actividad ya no puede realizarla de manera segura sin apoyo o supervisión.
Por eso, más que esperar a que ocurra un accidente, conviene observar constantemente cómo está realizando sus actividades y preguntarnos si todavía puede hacerlas de manera segura, aunque necesite más tiempo o alguna adaptación.
Ahí la pregunta sería:
¿Qué puede seguir haciendo por sí misma la persona y qué puedo hacer yo para facilitar que lo consiga?
A veces la respuesta será ayudar.
Otras veces será esperar.
En ocasiones será adaptar el entorno, proporcionar una herramienta o soporte, acompañar o simplemente estar cerca por si hace falta.

¿Qué pasa cuando la ayuda se volvió una costumbre y la persona mayor deja de hacer por sí misma lo que todavía puede hacer?
Con el tiempo, una capacidad que aún estaba conservada puede deteriorarse por falta de uso, especialmente en personas mayores con poca actividad física o con enfermedades que limitan su funcionamiento.
Cuando una persona mayor deja de realizar repetidamente una actividad que todavía puede hacer, puede observarse un patrón como este:
La familia o cuidadores ayudan → la persona hace menos → pierde práctica y confianza → la tarea se vuelve más difícil → la familia ayuda todavía más → La persona mayor deja prácticamente de hacerla si no es con ayuda
Además, si ya es costumbre que se haga todo por ellas, pueden aparecer pensamientos como:
“Para qué lo hago si de todos modos me van a ayudar”.
“Yo ya no puedo”.
“Me tardo demasiado”
“Es más fácil que lo hagan mis hijos”.
“Si lo hago yo, se van a desesperar”.
En estos casos, si queremos recuperar o promover la participación de la persona, no bastará con decirle “ahora lo haces tú” después de haber hecho las cosas por ella por meses e incluso años. Lo más conveniente será cambiar gradualmente las dinámicas.
Una estrategia útil es volver a empezar por pequeñas cosas.
Por ejemplo, si la familia siempre viste a la persona, no es necesario pasar directamente a “vístete sola”. Se puede comenzar con un:
“Yo te ayudo con el pantalón, pero tú ponte la blusa.”
Y más adelante:
“Yo te dejo preparada la ropa y tú intenta vestirte. Si necesitas ayuda, me dices.”
Y después:
“¿Qué quieres ponerte hoy?”
Otro ejemplo, si la familia siempre ayuda a la persona a peinarse, ponerse crema en el cuerpo y arreglarse, se puede comenzar con:
“¿Te parece si te ayudo a ponerte la crema, mientras tú te peinas?.”
Y más adelante:
“¿Cómo quieres arreglarte hoy? Tú empieza y yo te ayudo si necesitas.”
Puntos importantes:
- La idea es retirar progresivamente la ayuda hasta el punto que consideremos seguro, no abandonarla ni que sienta que ya no queremos ayudarla.
- Es importante darle tiempo. Una persona mayor puede tardar cinco minutos en hacer algo que el cuidador puede hacer en uno. Si no hay prisa en realidad (por llegar a tiempo a una cita médica, por ejemplo) y siempre intervenimos para ahorrar esos cuatro minutos, estamos priorizando la rapidez sobre la oportunidad de mantener su autonomía.
- Un cambio repentino o generalizado en la disposición para hacer las cosas puede tener otras causas (dolor, depresión, miedo a caerse, fatiga, deterioro cognitivo, efectos de medicamentos, entre otras). En este caso, conviene indagar qué está ocurriendo antes de asumir que se trata de falta de voluntad.

Autor: Rocio Erandi Heyer Osorno– Licenciada en Biología y Maestra en Neurociencias, con experiencia en trabajo técnico y de investigación en áreas de neurociencia y biología molecular, asi como en docencia y redacción de textos científicos. Apasionada de la divulgación de la ciencia y el arte.
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