Repensando el hogar, la compañía y la dignidad en la segunda mitad de la vida
Hay preguntas que no suelen tener prisa. Preguntas que se asoman con sigilo, que rondan como brisa suave entre los días. Una de ellas, quizá una de las más importantes, es:
¿Dónde y cómo quiero vivir cuando envejezca?
Durante años, muchos la evitamos, “falta mucho” “ya veremos en su momento”, pero lo cierto es que la vejez no llega de golpe, se va construyendo poco a poco hasta que un día se sienta a tomar un café con nosotros. Ese futuro que parecía muy lejano de repente está aquí o a la vuelta de le esquina.
En este número de EnVejezSER, abrimos la puerta a una reflexión urgente y profunda: la vivienda en la vejez. No como espacio físico solamente, sino como proyecto de vida. Porque envejecer no es solo cumplir años; es, sobre todo, elegir cómo queremos vivirlos.
Vivir en casa… ¿pero en qué condiciones?
La mayoría de los adultos mayores en México quieren envejecer en su hogar.
Pero, ¿qué pasa cuando esa casa —la de toda la vida— se convierte en un laberinto de escaleras, alfombras resbalosas y baños imposibles? ¿O cuando los hijos se van y de pronto la casa se siente sola, vacía?
Es aquí donde entra el concepto de vivienda amigable con las personas mayores: espacios adaptados con accesibilidad física, seguridad y tecnología sencilla que permite conservar la independencia sin exponer la salud.
Si deseamos vivir en casa durante nuestra vejez, lo ideal es que con el tiempo empecemos a hacerle adaptaciones que permitan una estancia segura y práctica que facilite el movimiento y evite accidentes domésticos (como caídas y golpes) o que la casa represente una complicación o reto para nuestros cuidadores.
Si vivimos solos y no hay personas cercanas que puedan asistirnos o acompañarnos de manera cotidiana, entonces surge el reto de combatir el aislamiento y el sentimiento de soledad, así como de evitar situaciones de accidentes domésticos o emergencias médicas que no puedan ser atendidas oportunamente. Aquí surgen nuevas posibilidades: buscar actividades externas durante el día en las cuales se tenga interacción cercana con otras personas, o en caso de tener cierto grado de dependencia funcional, lo ideal seria que una persona pueda vivir con nosotros y que reciba una remuneración justa por estar disponible parte de su día.
Nuevas formas de vivir acompañados
Si bien, vivir en casa parece el ideal para la mayoría de la población adulta mayor, no siempre es una opción para todos: muchos adultos mayores no cuentan con familia o conocidos cercanos que puedan apoyarles o vivir con ellos en la vejez, no pueden solventar los gastos de mantener un hogar por sí solos o de contratar personal que les asista en caso de requerir ayuda, o bien, simplemente desean vivir acompañados por otras personas en situación similar y darse apoyo mutuo. Asi es como en la década de los 70s surge en Europa el modelo de cohousing o viviendas colaborativas, y después las viviendas intergeneracionales, y las viviendas asistidas. Todas con algo en común: compartir sin perder la autonomía.
El “cohousing” describe un modelo de vivienda en el cual la gente vive en comunidad y comparte áreas comunes al mismo tiempo que conserva espacios privados.
En Dinamarca, Países Bajos y ahora en comunidades de México, se crean espacios donde las personas mayores no viven aisladas, sino rodeadas de comunidad, apoyo mutuo y espacios diseñados con sentido humano.
La vuelta al hogar multigeneracional: vivir con nuestros descendientes
Cada vez más familias redescubren una antigua práctica: la convivencia multigeneracional. Padres, hijos y abuelos conviviendo bajo el mismo techo. No como imposición, sino como elección solidaria, permitiendo mayor convivencia entre los miembros de la familia y las generaciones, apoyo mutuo, ahorro económico y sentido de pertenencia.
Para las personas que tienen hijos o familia cercana, este modelo de vivienda podría parecer el ideal durante la vejez, sin embargo, como en todo, se presentan diversos retos a tomar en cuenta: cómo proteger la privacidad de cada uno al mismo tiempo que se disfruta de la cercanía constante con los otros, conciliar las rutinas y estilos de crianza diferentes entre los miembros o generaciones, conflictos de autoridad, falta de límites, choque de horarios, entre otras.
Estudios recientes muestran que el modelo de vivienda multigeneracional puede mejorar la salud mental, reducir los gastos y fortalecer los vínculos familiares, sin embargo, requiere de mucha estructura, acuerdos justos, límites claros y comunicación efectiva entre los miembros para evitar o resolver conflictos y sobre todo, para no sobrecargar a nadie.
Tecnología y cuidados: ¿enemigos o aliados?
El hogar del futuro ya está aquí. Ya existen robots asistenciales, sensores que detectan caídas, inteligencia artificial que recuerda medicamentos, controla la iluminación o avisa a un médico en caso de emergencia.
La adquisición de tecnología y adaptaciones que facilitan los cuidados como el uso de grúas, camas especiales, alarmas y sensores de movimiento, GPS (como en el caso de un paciente con Alzheimer), entre otras, nos puede ayudar mucho cuando se trata de una persona con cierto grado de dependencia. Tampoco está demás el uso de computadoras y videocámaras para hacer llamadas por videoconferencia, incluidas las consultas con el médico, o simplemente para comunicarse con seres queridos que viven lejos.
Lejos de reemplazar el afecto humano, estas herramientas pueden permitir que las personas mayores vivan solas, pero no en soledad. La clave será integrarlas de forma ética, con enfoque centrado en la persona.
Hoy más que nunca, es momento de hacernos una pregunta que no espera:
¿En dónde y cómo quiero envejecer?
¿Qué puedo hacer desde hoy para construir ese futuro?
@envejezser
Referencias
- Instituto Nacional de Geriatría. (2022). Envejecimiento en México: perspectivas y retos. Gobierno de México.
- Generations United. (2021). Family Matters: Multigenerational Living is on the Rise and Here to Stay.



