Estudio prospectivo reciente de seis años de seguimiento encuentra que el síndrome de fragilidad, incluso sin sarcopenia, se asocia con mayor riesgo de discapacidad, caídas y limitaciones graves de movimiento en personas mayores
La fragilidad es un síndrome geriátrico en el que el organismo tiene menos reservas fisiológicas y por ende, menor capacidad para responder a situaciones difíciles o de estrés.
Una persona frágil puede descompensarse fácilmente ante eventos en los que otras personas tendrían consecuencias menores, por ejemplo, ante una infección, una caída, una cirugía o incluso un cambio importante en su entorno.
Es común que las personas mayores con fragilidad también presenten sarcopenia —una disminución de la masa y la fuerza muscular—. Sin embargo, ambas condiciones no necesariamente aparecen juntas: una persona puede ser diagnosticada con fragilidad sin tener sarcopenia, y viceversa.
Tanto la fragilidad como la sarcopenia, por separado, se han asociado en adultos mayores con un mayor riesgo de:
- deterioro funcional
- caídas
- hospitalización
- mortalidad
Un estudio de cohorte prospectivo de seis años (con evaluaciones cada dos años) (Shin et al., 2026, ver en referencias) investigó si la sarcopenia y la fragilidad, de forma independiente o combinada, predicen la discapacidad funcional en 2,067 adultos mayores residentes de diferentes comunidades de Corea del Sur (como parte del “Estudio de cohorte sobre fragilidad y envejecimiento en Corea”).
La edad de los participantes rondó entre los 70 y los 84 años.
Los investigadores evaluaron por separado la sarcopenia y la fragilidad física. La sarcopenia se definió y evaluó según los criterios del Grupo de Trabajo Asiático sobre Sarcopenia 2025 (en inglés, Asian Working Group for Sarcopenia 2025) que toma en cuenta mediciones tanto de masa como de fuerza muscular; mientras que la fragilidad física se evaluó mediante el fenotipo de Fried.
¿Qué es el fenotipo de Fried?
El fenotipo de fragilidad de Fried es uno de los modelos clínicos más usados para identificar y “medir” la fragilidad física en las personas mayores. Se basa en un conjunto de manifestaciones físicas que pueden observarse y medirse, y que reflejan la disminución de las reservas y la capacidad de respuesta del cuerpo ante cambios internos o externos.
El fenotipo de Fried toma en cuenta cinco criterios para el diagnóstico de fragilidad:
- Pérdida de peso involuntaria.
- Agotamiento o sensación frecuente de cansancio.
- Debilidad muscular, generalmente medida mediante la fuerza de prensión de la mano.
- Lentitud al caminar, evaluada con la velocidad de la marcha.
- Bajo nivel de actividad física.
Según el número de criterios presentes:
- 0 criterios: persona robusta.
- 1 o 2 criterios: se considera prefrágil.
- 3 o más criterios: se considera frágil.
Después, observaron si estas condiciones se relacionaban con problemas como necesitar ayuda para las actividades cotidianas básicas (a través de una escala coreana para evaluar actividades de la vida diaria, AVD), tener dificultades para realizar tareas más complejas o fuera de casa (mediante la escala coreana para evaluar Actividades Instrumentales de la Vida Diaria AVDI), sufrir caídas o perder capacidad para caminar y desplazarse con normalidad.
Valoración funcional de las actividades diarias
- Actividades Básicas de la Vida Diaria (AVD): Se refiere a las actividades esenciales de autocuidado, muy automatizadas y enfocadas en el cuerpo y la sobrevivencia. Ejemplos: alimentarse, utilizar el baño, ducharse, moverse dentro del hogar, entre otras. Cuando una persona necesita ayuda para realizar alguna de estas actividades, se considera que presenta alta dependencia funcional.
- Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD): Son tareas más complejas que implican la interacción con el entorno, organización, uso de herramientas y habilidades cognitivas superiores. Ejemplos: preparar alimentos, hacer las compras, gestión del hogar y del dinero, manejo de medicamentos, utilizar el teléfono para comunicarse, entre otras. La dificultad para realizarlas puede ser una señal importante de deterioro funcional, deterioro cognitivo leve, fases iniciales de demencia, fragilidad, entre otras.
Durante los seis años de seguimiento, los investigadores encontraron que:
- Las personas con fragilidad, pero sin sarcopenia, tuvieron mayor riesgo de desarrollar dificultades para realizar actividades básicas de la vida diaria, actividades instrumentales, sufrir caídas y presentar limitación grave de la movilidad.
- Las personas con fragilidad y sarcopenia al mismo tiempo también tuvieron mayor riesgo de desarrollar dificultades para realizar actividades instrumentales de la vida diaria.
- En cambio, la sarcopenia por sí sola no se asoció de manera significativa con ninguno de los resultados funcionales evaluados

Por lo tanto, en base a los resultados de esta investigación, la fragilidad física parece ser una señal de alerta más útil que la sarcopenia por sí sola para identificar a las personas mayores con mayor riesgo de perder independencia, sufrir caídas o presentar problemas importantes de movilidad.
Lo reportado en este estudio muestra la importancia de dar prioridad a la evaluación de la fragilidad a nivel clínico para prevenir o retrasar la pérdida de funcionalidad y autonomía en el adulto mayor.
Referencia
Shin, H. E., Jung, H., Lee, D., Won, C. W., & Kim, M. (2026). Independent and combined effects of sarcopenia and physical frailty on the incident functional disabilities in community-dwelling older adults: A 6-year prospective study. Archives of gerontology and geriatrics, 150, 106369. Advance online publication. https://doi.org/10.1016/j.archger.2026.106369

Autor: Rocio Erandi Heyer Osorno– Licenciada en Biología y Maestra en Neurociencias, con experiencia en trabajo técnico y de investigación en áreas de neurociencia y biología molecular, asi como en docencia y redacción de textos científicos. Apasionada de la divulgación de la ciencia y el arte
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