Tratamiento no farmacológico para controlar la hipertensión en adultos mayores

La hipertensión arterial es una condición de salud crónica en la que ocurre un aumento persistente de la tensión arterial (fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias cuando el corazón bombea). Se habla de hipertensión cuando la presión de la sangre en los vasos sanguíneos es muy alta (de 140/90 mmHg o más).

El riesgo de desarrollar hipertensión aumenta significativamente con la edad. En México, el 56.2% de las personas mayores de 60 años padece hipertensión arterial según datos recientes de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM 2024) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

«La hipertensión arterial es una de las principales causas de muerte prematura a nivel mundial, ya que está relacionada con problemas graves como infartos, accidentes cerebrovasculares, enfermedad renal crónica y demencia. «

Sin embargo, es importante destacar que puede prevenirse y controlarse de manera adecuada, no solo con medicamentos, sino también a través de medidas no farmacológicas que, además, favorecen la salud emocional y física general.

Síntomas de la hipertensión

La mayoría de personas con hipertensión puede no presentar síntomas evidentes. Por lo tanto, la mejor manera de saber si se tiene la tensión alta es tomársela. No obstante, las personas que tienen la tensión arterial muy alta (de 180/120 o más) pueden presentar estos síntomas:

  • Dolor intenso de cabeza
  • Dolor en el pecho
  • Mareos
  • Dificultad para respirar
  • Náuseas
  • Vómitos
  • Visión borrosa o cambios en la visión
  • Ansiedad
  • Confusión
  • Zumbidos en los oídos
  • Hemorragia nasal
  • Cambios en el ritmo cardiaco

Si se tiene alguno de estos síntomas y la tensión arterial muy alta, debe acudirse de inmediato con el médico.

Factores de riesgo

Diversas condiciones aumentan el riesgo de padecer hipertensión arterial, es importante conocerlas para detectarla a tiempo (considerando que muchas veces no se observan síntomas evidentes).

Factores de riesgo no modificables

Son aquellos que no se pueden cambiar, pero ayudan a identificar a personas con mayor riesgo:

  • Edad: el riesgo aumenta con el envejecimiento, especialmente después de los 60 años.
  • Antecedentes familiares: tener padres o familiares con hipertensión incrementa la probabilidad.
  • Sexo: los hombres tienen mayor riesgo en edades tempranas; en mujeres aumenta después de la menopausia.

 Factores de riesgo modificables

Son los más importantes porque sí se pueden prevenir o controlar:

  • Sobrepeso u obesidad
  • Sedentarismo (falta de actividad física)
  • Consumo excesivo de alcohol
  • Tabaquismo
  • Estrés crónico
  • Sueño inadecuado o mala calidad del sueño

Estrategias no farmacológicas para ayudar al control de la hipertensión

Si bien, existen una variedad de medicamentos que pueden ayudar a controlar la hipertensión arterial, lo ideal es que paralelamente se lleven a cabo medidas no farmacológicas para su control. De hecho, muchas personas pueden controlar su presión arterial únicamente con estas medidas cuando no tienen una presión arterial demasiado alta (el médico debe determinar esto).

1. Alimentación saludable adaptada

  • Dieta tipo DASH y reducción moderada del consumo de sodio

La dieta DASH (siglas en inglés para Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión) ha mostrado en múltiples estudios ayudar al control de la hipertensión. Se basa principalmente en el consumo de frutas, verduras y productos lácteos bajos en grasa, cereales integrales, aves, pescado y frutos secos, limitando la cantidad de carne roja, dulces y bebidas azucaradas. Se pueden ajustar las texturas cuando se trata de adultos mayores con problemas de masticación o deglución.

En cuanto al consumo de sodio, se recomienda un consumo de 1.5–2 g/día de sal, evitando la restricción excesiva.

2. Control del peso adecuado

El sobrepeso y la obesidad pueden favorecer la presión arterial alta por varios motivos. Por ejemplo, el cuerpo tiene más dificultad para usar la insulina (por lo cual aumenta su producción a manera de compensación), lo que altera el equilibrio de líquidos en el organismo. También aumenta la actividad de ciertas hormonas que hacen que los vasos sanguíneos se estrechen. Además, se retienen más sodio y agua, lo que incrementa el volumen de sangre, y el corazón tiene que trabajar más de lo normal. Todo esto contribuye a elevar la presión en personas con sobrepeso u obesidad.

Sin embargo, es importante evitar tanto el exceso de peso como la pérdida de peso no intencional. En los adultos mayores frágiles, no siempre se busca bajar de peso, sino más bien conservar la masa muscular y la fuerza para mantener su salud y funcionalidad.

3. Reducción de consumo de alcohol y abandono del tabaco

El alcohol aumenta la presión sanguínea temporalmente, favorece la retención de líquidos y puede interferir con los medicamentos que ayudan a controlar la presión arterial.

Fumar, al igual que el alcohol, eleva la presión de forma inmediata, y además daña los vasos sanguíneos con el tiempo, aumentando el riesgo de hipertensión y otras complicaciones cardiovasculares.

4. Manejo del estrés y bienestar emocional

Las técnicas de relajación, como la respiración profunda o la meditación, son útiles para reducir el estrés, que es un factor que puede elevar la presión arterial.

También funciona realizar actividades recreativas como el arte, la música o la lectura, ya que ayudan a mantener un estado emocional más equilibrado y favorecen el bienestar general.

La convivencia y el acompañamiento emocional pueden mejorar el control de la presión arterial. Incluso, se ha observado que el aislamiento social (no la soledad elegida) puede aumentar la presión sanguínea en adultos mayores.

5. Higiene del sueño

Dormir bien es un aspecto fundamental para mantener la presión arterial bajo control. Durante el sueño, el cuerpo entra en un estado de descanso que permite que la presión arterial disminuya de forma natural.

Mantener buenos hábitos de sueño (como horarios regulares, un ambiente tranquilo y evitar estimulantes antes de dormir) así como detectar problemas como la apnea el sueño puede contribuir significativamente al control de la hipertensión.

6. Ejercicio

Se ha demostrado que tanto el ejercicio aeróbico como el de resistencia reducen la presión arterial de forma eficaz. Todas las organizaciones y organismos gubernamentales recomiendan realizar ejercicio aeróbico de intensidad moderada durante al menos 30 minutos por 3 días a la semana o ejercicio de resistencia de 2 a 3 días a la semana.

El ejercicio tanto aeróbico como de resistencia pueden adaptarse para una variedad de condiciones en personas mayores y no solamente contribuyen al control de la presión arterial, sino también a la salud mental, la prevención de caídas, el fomento de la autonomía y la movilidad en general.

En resumen…

La hipertensión arterial es una enfermedad crónica caracterizada por el aumento persistente de la presión de la sangre en las arterias (≥140/90 mmHg). Su riesgo aumenta con la edad, y en México afecta a más de la mitad de las personas mayores de 60 años siendo una de las principales causas de muerte prematura. Aunque muchas veces no presenta síntomas, en casos graves puede causar dolor de cabeza, mareos, dificultad para respirar y otros signos de alerta.

El control de la hipertensión no depende únicamente de medicamentos; también es fundamental implementar medidas no farmacológicas como:

  •  Una alimentación adecuada (por ejemplo, dieta tipo DASH)
  •  Reducir el consumo de sal de forma moderada
  •  Controlar el peso corporal (evitar tanto el exceso como la pérdida no intencional)
  •  Disminuir o evitar el consumo de alcohol
  •  Dejar de fumar o evitar el tabaco
  •  Practicar técnicas de manejo del estrés (respiración, meditación, etc.)
  •  Mantener una buena calidad de sueño
  •  Realizar ejercicio de forma regular

Estas medidas ayudan no solo a controlar la presión arterial, sino también a mejorar la salud general, la autonomía y la calidad de vida en adultos mayores.

Referencias

Alpsoy Ş. (2020). Exercise and Hypertension. Advances in experimental medicine and biology, 1228, 153–167. https://doi.org/10.1007/978-981-15-1792-1_10

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2024). Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM).

Onwuzo, C., Olukorode, J. O., Omokore, O. A., Odunaike, O. S., Omiko, R., Osaghae, O. W., Sange, W., Orimoloye, D. A., Kristilere, H. O., Addeh, E., Onwuzo, S., & Omoragbon, L. (2023). DASH Diet: A Review of Its Scientifically Proven Hypertension Reduction and Health Benefits. Cureus, 15(9), e44692. https://doi.org/10.7759/cureus.44692

Organización Mundial de la Salud. (2025, Septiembre 25). Hipertensión. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hypertension

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