10 consejos prácticos para convivir con una persona que padece la enfermedad de Alzheimer

Cuidar a una persona con enfermedad de Alzheimer puede significar enfrentarse todos los días a:

  • problemas de memoria
  • desorientación
  • cambios de comportamiento (como irritabilidad o desconfianza)

Estas situaciones pueden dificultar la comunicación y hacer más compleja la convivencia cotidiana.

Además, a medida que avanza la enfermedad, la persona va perdiendo independencia, necesitando asistencia para prácticamente todas las actividades básicas: comer, vestirse o bañarse, entre otras.

Esto aumenta considerablemente el esfuerzo físico y emocional que tienen que invertir las personas que lo cuidan.

A continuación, se presenta una guía de carácter orientativo, basada en la experiencia de familiares, cuidadores y profesionales de la salud para tratar con una persona con Alzheimer.  Integra además, estrategias para actuar ante situaciones en las que no suele existir preparación previa, así como aportaciones de la literatura geriátrica y de asociaciones de familiares y cuidadores de personas con enfermedad de Alzheimer.

1. Conserva el buen humor

Integremos un poco de humor a la rutina diaria: tratemos de reírnos CON el paciente, pero NO reírnos de él, es una terapia beneficiosa para disminuir el estrés y para liberar endorfinas. Una visión menos estricta de la realidad nos dará la oportunidad de ver el lado jocoso de sus comentarios y actitudes.

2. Simplifica las tareas

Todo en su vida es mejor y más fácil si les simplificamos sus actividades. En el momento en que tiene que llevar a cabo varias cosas complejas damos pie a la confusión y a los olvidos, con la consiguiente frustración de su parte y nuestra también.

3. No discutas con la persona (ponte de acuerdo)

El enfermo de Alzheimer tiene problemas para entender el significado de lo que se le dice; sin embargo es muy sensible. Por ello, es necesario mantener un ambiente tranquilo, que no lo altere. No discutas con la persona ya que esto sólo le causará confusión y tensión. Evita llamarle la atención por algún fracaso y mantén la calma. El enojo empeora la situación.

“Recuerda que lo que sucede es producto de una enfermedad neurodegenerativa y no culpa del enfermo”.

4. No trates de razonar con él

No trates de “hacerlo entrar en razón” puesto que difícilmente lo lograrás, pero sí creará un ambiente negativo que podrá causar mayor confusión y ansiedad en la persona enferma. Si queremos explicarle el motivo de las cosas, por lo general daremos largas explicaciones. Esto puede ser muy desgastante, ya que tendremos que repetir el mismo “sermón” varias veces al día.

Es mejor utilizar frases cortas y sencillas, donde se diga directamente lo que queremos que haga el paciente. También funciona distraer su atención, cambiando de lugar, trayendo un distractor (un libro, una foto, un alimento) o desviando su mirada hacia algo interesante (un niño, un árbol, la televisión).

5. No lo avergüences, ensálzalo

Evite echar en cara que ha cometido errores, aunque sean graves. La persona con Alzheimer puede no entender lo que le estamos diciendo, pero lo que sí entiende (gracias a que su memoria emocional es la última que desaparece) es que hay una persona que está gritándole, hablándole despectivamente o reclamándole ¡aunque no entienda el motivo!

Mejor distrae su atención, reconoce sus pequeños logros, ten paciencia para que pueda recordar a su paso, o ayúdale a recordar o a encontrar las palabras cuando se angustie por no encontrarlas.

“Recuerda que esa persona que olvida, no olvida porque así lo haya decidido, ni porque esté manipulando o chantajeando: su cerebro se encuentra enfermo y nosotros podemos ayudarlo”.

6. Evita tratar de darle lecciones, serénalo

La confusión o ansiedad en la persona con Alzheimer suele surgir porque intenta recordar o ser quien era antes, pero ya no puede. Debido a que olvida rápidamente lo que se le dice, hablarle con muchas explicaciones puede ser contraproducente. Por ello, es preferible brindarle tranquilidad y un ambiente seguro.

Hay unas palabras mágicas cuando hablamos con una persona con demencia que se encuentra ansioso: “tranquilo, ya todo está bien”. Decimos esto al momento en que le acariciamos la espalda y lo encaminamos a otra parte para distraer su atención.

7. No le pidas que recuerde

Rememórale las cosas y los hechos, pero no le pidas que recuerde cosas.

Si queremos estimular la memoria es mejor que llevemos a nuestro familiar a un lugar formal en donde se realice rehabilitación cognitiva (gimnasia mental). Pero no le pidamos que recuerde con exactitud algún hecho, fecha o nombre con la intención de “ayudarlo” a mejorar su memoria.

¿Cuál es el motivo de que recuerde algo?

¿Es realmente importante que lo haga sin ayuda?

Existen técnicas especiales para mejorar la memoria, pero la mayoría de las veces no funciona cuando le pedimos que recuerde. Es mejor ayudarle un poco a encontrar la palabra, el hecho o el nombre que está buscando en su memoria.

8. No le digas “ya te dije”

Debido a que pierde su memoria inmediata, puede olvidar lo que acaba de decir o de escuchar, es por eso que se vuelven muy repetitivos y preguntan varias veces lo mismo. Para ellos, es la primera vez que preguntan una cosa, aunque lo hayan preguntado 19 veces antes. Esto también se debe a que pierden su capacidad de supervisar sus errores y de retener la información que acaban de recibir.

Recordemos que cuando éramos niños solíamos preguntar una y mil veces más a nuestros padres algo que nos inquietaba. Si hacían lo correcto, nos decían algo así como: “tranquilo, ya falta poco». Mira: ¡vamos a cantar!, o ¡mira: unas vacas a lo lejos!” En lugar de levantarnos la voz con un “ya te dije” o un “ya cállate”.

9. Facilita sus respuestas, no lo presiones

Cuando una persona que padece enfermedad de Alzheimer tiene que elegir una opción, se dispara un momento de estrés por tener que elegir la respuesta correcta. Es más fácil que nosotros le ayudemos a elegir, encaminando inclusive su respuesta a lo que queremos que escoja.

Por ejemplo, es poco apropiado preguntarle: “¿qué quieres comer?” porque entonces debe recordar qué es comer, qué se come, qué le gusta comer, qué suele pedirse de comer a esas horas, qué horas son… Es más fácil para nuestro enfermo que preguntemos: “¿quieres pollo, o prefieres pescado?

10. Evita dar detalles o mencionar horas y fechas exactas

Recordemos que se pierde el sentido del tiempo puesto que no se tiene un completo funcionamiento de la memoria. Si la persona pierde el sentido del tiempo, ¿cuál es la utilidad de decirle que faltan 2 horas para llegar?. Estos comentarios que manejan números o fechas exactas pueden causar mayor ansiedad y confusión, porque la persona difícilmente recuerda el sentido correcto del tiempo.

Lo mismo aplica para dar detalles: los detalles no son necesarios, es inútil explicar un hecho con detalles, ya que manejar tanta información nueva será difícil para el enfermo.  

En resumen

Esta guía busca facilitar la comunicación, reducir la frustración y favorecer una convivencia más tranquila y llevadera entre familiares o cuidadores y la persona que padece enfermedad de Alzheimer.

A grandes rasgos, se recomienda simplificar las actividades, evitar discusiones y explicaciones largas, no avergonzar ni presionar a la persona para que recuerde, ayudarla a responder y a recordar, y evitar frases como “ya te dije”. También es importante ofrecer seguridad y tranquilidad, así como limitar los detalles, las fechas y las referencias temporales que puedan generarle confusión y malestar.

Referencia

Valencia Rodríguez, J. de J., & Ledesma Heyer, J. P. (2020). ¡No me acuerdo! El verdadero paciente tras la enfermedad de Alzheimer (2ª ed.). Keli Ediciones.


Autor: 
 Juan Pablo Ledesma Heyer. Médico Internista y Geriatra. Conferencista, autor y divulgador de temas relacionados al envejecimiento desde un enfoque integral y humanista. Fundador del proyecto EnVejezSer.

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