El corazón también envejece: ¿qué es normal esperar y qué no?

El corazón, al igual que el resto del sistema cardiovascular, va cambiando con la edad. A medida que envejecemos, estos cambios pueden hacer que:

  • sea más difícil recuperarse después de un ejercicio intenso
  • disminuya la capacidad del corazón y de los vasos sanguíneos para responder a situaciones que requieren mayor demanda, como el estrés o ante una enfermedad.

Además, cuando estos cambios se combinan con factores de riesgo como la diabetes, el tabaquismo, la obesidad o una alimentación poco saludable, la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares durante la vejez puede aumentar bastante.

Reconocer qué cambios son esperables y cuáles no, permite detectar problemas de salud a tiempo, cuidar nuestra salud cardiovascular con antelación, y ayudar a conservar la autonomía por más tiempo en la vejez.

¿Qué cambios en el sistema cardiovascular son normales con el envejecimiento?

Con los años, el corazón y los vasos sanguíneos experimentan algunos cambios naturales que son propios de la edad:

  • El corazón tiende ligeramente a agrandarse (particularmente el ventrículo izquierdo).
  • El corazón se hace un poco más rígido y en algunas personas, el ventrículo izquierdo se engrosa un tanto.
  • Los vasos sanguíneos se vuelven más rígidos (y menos elásticos).

Por lo tanto…

  • Puede aumentar ligeramente la presión arterial.
  • El corazón puede tener una menor capacidad para aumentar rápido su frecuencia durante un esfuerzo físico intenso.
  • Le cuesta más trabajo al corazón bajar su ritmo después de realizar ejercicio o un esfuerzo.
  • A medida que pasan los años, se puede sentir un poco más de cansancio después de un esfuerzo y se toleran menos los esfuerzos intensos.
Con el proceso de envejecimiento, es normal que nos cueste un poco más hacer esfuerzos intensos y que terminemos más cansados después de realizarlos. Lo que no es normal es que, de pronto, actividades que hacíamos sin problema comiencen a agotarnos mucho más que antes. Si esto pasa, conviene consultar al médico para descartar algún problema de salud cardiovascular. Foto tomada de Pexels

¿Qué no deberíamos considerar “normal por la edad”?

Envejecer no significa que sea normal tener ciertos síntomas cardiovasculares. Algunos signos pueden ser una señal de enfermedad y deben ser valorados por un profesional de la salud.

Entre ellos se encuentran:

  • Quedarse sin aire al realizar actividades cotidianas que antes se hacían sin dificultad.
  • Tener dolor, presión o molestia en el pecho.
  • Presentar desmayos, especialmente si son nuevos, recurrentes o aparecen durante un esfuerzo.
  • Tener palpitaciones nuevas o frecuentes.
  • Presentar hinchazón persistente de las piernas, tobillos o pies.
  • Sentir un cansancio inexplicable que limita las actividades diarias.
  • Presentar dolor o molestia inexplicable en la mandíbula, cuello, espalda, hombros o brazos.
  • Tener episodios de falta de aire, sudoración, náuseas, mareos o debilidad junto con alguno de los síntomas anteriores.

¡Atención!

Si estos síntomas aparecen de manera repentina o intensa, especialmente el dolor o presión en el pecho, falta de aire, desmayo o molestias en el pecho que se extienden al brazo, espalda, cuello o mandíbula, no hay que esperar a que desaparezcan: puede tratarse de una emergencia y se debe solicitar atención médica inmediata.

De igual forma, una confusión repentina, dificultad para hablar, debilidad o adormecimiento de un lado del cuerpo, alteraciones repentinas de la visión, pérdida del equilibrio o un dolor de cabeza intenso y repentino pueden ser señales de un accidente cerebrovascular e igualmente requiere atenderse de emergencia.

¿Cuáles son las enfermedades cardiovasculares más frecuentes en adultos mayores?

Las enfermedades o alteraciones cardiovasculares son un grupo muy amplio de trastornos que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos. Entre las más frecuentes o relevantes en los adultos mayores se encuentran:

  • Hipertensión arterial: presión de la sangre persistentemente elevada dentro de las arterias.
  • Enfermedad coronaria: estrechamiento u obstrucción de las arterias que llevan sangre al corazón, generalmente debido a la acumulación de placas de aterosclerosis.
  • Fibrilación auricular: alteración del ritmo cardíaco en la que las aurículas del corazón laten de manera irregular y, con frecuencia, rápida.
  • Valvulopatías: enfermedades que afectan una o más válvulas del corazón y pueden dificultar el flujo normal de la sangre.
  • Enfermedad arterial periférica: estrechamiento u obstrucción de las arterias, principalmente de las piernas, que reduce el flujo de sangre y puede causar dolor o cansancio al caminar.
  • Insuficiencia cardiaca: el corazón no puede bombear suficiente sangre para cubrir adecuadamente las necesidades del cuerpo. Puede aparecer como consecuencia de diferentes enfermedades, entre ellas la enfermedad coronaria, la hipertensión arterial, las valvulopatías y algunas arritmias.
  • Accidente cerebrovascular: ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia una parte del cerebro, generalmente por la obstrucción de un vaso sanguíneo (ya sea por un coágulo o por acumulación de placa), o cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca una hemorragia.

Aunque la principal causa de infarto al corazón suele ser la enfermedad coronaria, la hipertensión y enfermedad arterial periférica también aumentan el riesgo.

Es importante recordar que muchas enfermedades cardiovasculares se desarrollan lentamente y pueden permanecer sin síntomas durante muchos años.

Por ejemplo, una persona puede tener hipertensión o aterosclerosis sin sentir molestias durante mucho tiempo. De ahí la importancia de realizar revisiones periódicas que permitan detectarlas y tratarlas a tiempo.

¿Cuál es la mejor manera de cuidar mi corazón si soy adulto mayor?

1. Mantente físicamente activo. El ejercicio es una de las formas más efectivas de mejorar el rendimiento y función del sistema cardiovascular, sin embargo, el tipo, intensidad y duración siempre deben contemplar el estado de salud y capacidad del adulto mayor.

2. Cuida lo que comes. Procura una alimentación basada en frutos, verduras, legumbres pescado, carnes no procesadas, frutos secos y grasas o fuentes de grasas saludables (aceite de olivo extravirgen, nueces, aguacate, pescados grasos como el salmón y la sardina).

Limita en lo posible el consumo de azúcares refinados, alimentos ultraprocesados, grasas trans y embutidos.

3. Vigila tu presión arterial. La hipertensión puede avanzar durante años sin producir síntomas y aumentar el riesgo de infarto, insuficiencia cardiaca y accidente cerebrovascular. Por eso es importante medir la presión periódicamente y seguir el tratamiento indicado si ya se diagnosticó.

 4. Controla tu glucosa y peso corporal. La diabetes puede dañar progresivamente las arterias y vasos sanguíneos pequeños. El sobrepeso u obesidad pueden aumentar la presión arterial y hacer que el corazón trabaje de más.

5. No fumes. Esta es una de las mejores decisiones para la salud cardiovascular, incluso si se ha fumado durante muchos años. También conviene evitar el humo de tabaco de otras personas.

6. Cuida tu sueño. Dormir bien forma parte del cuidado cardiovascular. Los problemas persistentes de sueño deben comentarse con un profesional de salud, ya que nos son normales de la edad y pueden favorecer la elevación de la presión arterial y la aparición de arritmias cardiacas.

7. Revisa tus medicamentos. Algunos medicamentos pueden alterar el sueño y la presión arterial. Es importante que el médico tome en cuenta esto a la hora de hacer una valoración de la salud cardiovascular.

8. Infórmate y aprende a reconocer las señales de alarma. Dolor o presión en el pecho, falta de aire inesperada, desmayos, sudoración fría, palpitaciones intensas o un cansancio inusual pueden requerir valoración médica. No siempre un problema cardíaco aparece como el dolor fuerte de pecho.

9. No esperes a sentirte mal para revisarte. Se recomienda una revisión periódica para valorar presión arterial, colesterol, glucosa, peso, actividad física y otros factores de riesgo. Recordemos que algunas enfermedades cardiovasculares son “silenciosas” por años.

Autor: Rocio Erandi Heyer Osorno– Licenciada en Biología y Maestra en Neurociencias, con experiencia en trabajo técnico y de investigación en áreas de neurociencia y biología molecular, asi como en docencia y redacción de textos científicos. Apasionada de la divulgación de la ciencia y el arte.

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