Muchos adultos mayores tienen a callar lo que piensan o sienten por diversas razones. No es que sea algo propio de la edad, sino que confluyen varios factores que promueven su silencio, esto incluye cuestiones culturales, psicológicas, familiares e incluso de salud física o mental. Recordemos que el silencio de una persona ante una situación o petición no significa conformidad necesariamente, puede estar indicando miedo, tristeza, resignación o falta de confianza.
En este apartado queremos mencionar seis principales razones por las cuales muchos adultos mayores callan lo que siente o piensan, y cómo podemos actuar como sociedad al respecto.
- 1. Falta de espacios apropiados para desenvolverse. Si, en pleno siglo XXI, con una población de adultos mayores que va en aumento, aún son muchos los espacios públicos o comunitarios que no están adaptados para el adulto mayor. Todavía encontramos banquetas sin rampas, cruces peatonales complicados, asientos preferentes de camión ocupados, e incluso, hospitales sin elevadores o escaleras que dificultan enormemente la movilidad a personas mayores, especialmente si tienen algún tipo de discapacidad.
Pero, ¿qué tiene que ver la falta de espacios adecuados con que los adultos mayores no digan lo que piensan?
Pues mucho, porque si los espacios para que ellos se desenvuelvan, o mantengan su autonomía son complicados, en algún punto, ese adulto mayor va a preferir no salir de casa, no acudir a la reunión de colonos, no ir más a sus clases de danza o al grupo de la iglesia, esto le puede llevar al aislamiento social y eventualmente, a una posible depresión, trastorno de ansiedad e incluso contribuir a un deterioro cognitivo.
- 2. Educación recibida en la infancia. La mayoría de los adultos mayores actuales se criaron en contextos sociales en los que no era bien visto decir lo que se sentía o pensaba, en los cuales la represión emocional y conductual era la regla. En ese entonces, expresarse abiertamente era “ser problemático” o incluso, signo de debilidad emocional, particularmente cuando se expresaba tristeza o desilusión. Entonces, después de tantos años de reprimirse, es natural que asuman que decir lo que sienten o piensan es algo malo, negativo o incorrecto.
- 3. Miedo al rechazo. En una cultura en la cual se elogia la juventud y se rechaza (consciente o inconscientemente) la vejez, el adulto mayor pasa a segundo plano. No es raro que los más jóvenes (incluyendo hijos, nietos u otros familiares) vean como “poco importante” lo que pueda decir o necesitar el adulto mayor. Viene entonces la autocensura “para no ir a molestar o causar algún conflicto, mejor me callo”, o simplemente, porque se sienten ignorados y no ven “para qué” decir lo que piensan, ya que si dicen lo que sienten los pueden tachar de “viejitos quejumbrosos” o de “anticuados”.
Callarse se convierte en un mecanismo de autoprotección ante la posibilidad de sentirse rechazados o ridiculizados, o simplemente, porque no tiene sentido hacerlo.
- 4. Evitar conflictos con la familia. Si la familia es un espacio donde no podemos expresarnos abiertamente, entonces “para llevar la fiesta en paz” evitamos decir o hacer algo que pueda causar desestabilidad o discusiones entre los miembros. Cuántas veces no le decimos al cónyuge algo que nos molesta porque “se pone muy mal” o se desencadenan las discusiones (que no llevan a ningún lado), y si no hay discusiones “me deja de hablar una semana o un mes”.
Esto pasa también con los hijos, los nietos o los sobrinos, ahora que ya están grandes “no les puedo decir nada porque se enojan” “porque amenazan con ya no venir a la casa”, o si no lo hacen, por el simple miedo de que no lo hagan.
Otra cosa que suele suceder es que los adultos mayores no se atreven a decir “te agradezco, pero no me ayudes con esto” “déjame hacer esto a mi manera” porque creen que serán vistos como malagradecidos
“Me da miedo decirle a mi hija que no quiero que me ayude a escoger mi ropa por temor a que se sienta mal, o que ya no me quiera ayudar con algo que sí necesito”
- 5. Dependencia económica o física. Desafortunadamente, son muchos los adultos mayores que no cuentan con los recursos económicos para ver por si mismos en la vejez, o que tienen alguna condición física que afecta su autonomía. Esto puede llevar a la dependencia económica o física con los hijos, o con las instituciones o personas cuidadoras. Con la dependencia se viene la sumisión “si ellos me mantienen o me cuidan, entonces debo hacer lo que ellos quieren o necesitan”, o bien, el miedo a “si no hago lo que dicen, quién me va a cuidar o a apoyar con lo económico”.
- 6. Problemas de salud mental o físicos subyacentes. Sí, es cierto que no todos los adultos mayores callan lo que piensan o lo que sienten, otros por el contrario, lo hacen con más frecuencia y claridad incluso que antes. Ahora bien, no siempre el hecho de que una persona mayor no se exprese significa que el contexto social lo está orillando a eso, puede pasar que una enfermedad esté influyendo fuertemente en que la persona no se desenvuelva como antes. Si notamos que nuestro adulto mayor de un tiempo acá se volvió mucho más callado, menos expresivo, más apático, podría tratarse de una enfermedad o trastorno no diagnosticado, como depresión, deterioro cognitivo, e incluso, fases iniciales de demencia.
Conociendo las razones por las cuales nuestro adulto mayor pudiera estar callando lo que siente, entonces yo, que aún no soy adulto mayor, y que sé (aunque parezca muy lejano) que algún día lo seré
¿Cómo puedo ayudar a que los adultos mayores se expresen mejor? ¿Cómo puedo contribuir a crear espacios en los cuales ellos puedan decir lo que sienten sin temor?
Aquí mencionamos seis acciones que podemos llevar a cabo:
- Adecuar espacios para el adulto mayor. Aún si no estuviera en nuestras manos promover obras públicas que faciliten el acceso a personas mayores, sí podemos adaptar espacios en casa cuando hay un adulto mayor (mejorar la iluminación, quitar obstáculos, usar superficies antideslizantes, colocar barras de apoyo). También puedo respetar los asientos y lugares preferentes en espacios públicos.
- Escucharlos sin interrumpir. Dejemos que nuestro adulto mayor se exprese sin proceder a interrumpirlos o a querer dar consejos de inmediato (peor aún órdenes). Escuchemos primero, prestando atención a lo que desea expresar y tratando de entender lo que siente en ese momento, sin minimizar, sin querer dar “soluciones rápidas”, y de preferencia, una vez que hable, retroalimentando “si comprendo, entonces lo que sientes es…” “cuando hacemos esto, tu sientes que….”.
- Validar sus emociones y pensamientos. No minimizar lo que están sintiendo (aún si creemos que no es para tanto), tratar de nombrar la emoción que creemos que siente y reconocer que eso le altera o le hace sentir incómodo o mal. Validar sus emociones significa también reconocer su historia y su situación actual “con todo lo que has vivido, entiendo que esto sea importante para ti.”4. Hacer preguntas abiertas. Esto implica invitar a la persona mayor a la reflexión, que pueda expresar lo que piensa o siente ante determinado tema, sin que las respuestas se limiten a un sí o un no ¿Qué significa para ti sentirte así? ¿Cómo podríamos apoyarte con esto sin que sientas que invadimos tu espacio? ¿Qué te hace sentir más tranquilo?
Las preguntas abiertas siempre deben ir orientadas a entender, no a juzgar, ni a minimizar, lo que la otra persona piensa o siente.
5. Evitar infantilizarlos. Hablemos de manera directa al adulto mayor, mirándole a los ojos. Evitemos frases que restan valor a su autonomía o su capacidad de decidir como ¿Ya comimos? ¿Tomamos la pastilla? ¿Cómo nos portamos hoy? Está bien que le ayudemos pero evitemos sobreproteger, preguntemos antes de ayudar, y si ayudamos, solamente lo necesario. Es importante también que sean ellos quienes decidan sobre su rutina, actividades o cuidados (siempre que esto sea posible).
6. Utilizar recursos alternativos para facilitar su expresión. Aún si fomentamos un espacio de comunicación segura con nuestro adulto mayor, es posible que aún así le cueste trabajo expresarse, también pasa que algunas personas se expresan mejor con ayuda de otros medios, por ejemplo, mediante la escritura, el dibujo, viendo fotografías o escuchando música. Si notamos que a través del habla es difícil que se exprese el adulto mayor, podemos invitarlo a hacerlo por (o con ayuda) de algún medio que les facilite más.



