Los términos Asilo, Residencia Geriátrica o Casa de Descanso, son sinónimos. Se trata de establecimientos que brindan refugio y cuidados a personas que tienen algún tipo de dependencia, como personas de la tercera edad o discapacitados.

Por lo general, se tiene un estereotipo negativo de la palabra asilo, que nos hace pensar en un lugar donde se abandona a los padres o abuelos cuando ya no pueden valerse por sí mismos.

Sin embargo, se trata de un estereotipo erróneo, ya que el objetivo de un asilo es y debe ser brindar seguridad emocional, social, psicológica y de salud al adulto mayor que ya es dependiente.

Entonces, ¿Por qué se tiene una idea negativa acerca de los asilos? ¿Qué condiciones debe cumplir un asilo para ser un lugar digno para vivir? ¿Cuándo es conveniente llevar a una persona a un asilo?

Presenta el Dr. Juan Pablo Ledesma Heyer, Médico Internista y Geriatra. Para responder a estas dudas tenemos como invitada a la Dra. Karen Decena, Médico Gerontóloga y Directora Médico de una Casa de Descansa Privada en Guadalajara, Jalisco. Imagen de pasja1000.

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Índice

¿Cuándo es conveniente plantearse vivir en un asilo?

Una persona independiente no tiene por qué estar en un asilo, así tenga una edad avanzada. Es importante resaltar que los asilos son lugares para personas dependientes, esto es, que no pueden hacer actividades de la vida diaria por sí solos: comer, peinarse, ir al baño, trasladarse, etc.

Por lo general, se recibe a las personas dependientes desde los 60 años, aunque puede ser desde antes si la persona por cuestiones de salud ya es dependiente.

Antes era común que las hijas pequeñas (de haberlas) no se casaran para hacerse cargo de sus padres en su vejez. Actualmente, el panorama es distinto: se tienen pocos hijos, dos o tres, y es cada vez más común que tanto hombres como mujeres trabajen, aún durante su matrimonio, ya que el sueldo de uno solo no es suficiente para solventar las necesidades de la casa. Por lo tanto, muchos hijos no pueden hacerse cargo de sus padres o de sus suegros.

Es importante aceptar que en ocasiones necesitamos ayuda, que ya no podemos solos. El hecho de plantearnos o que se nos sugiera vivir en un asilo, no significa que seamos una carga o estorbo para nuestros hijos. Muchas veces se trata de que los hijos están al pendiente de sus padres y buscan la mejor atención para ellos, que por sus circunstancias, ellos no pueden proveer.

¿Cuáles son los mitos de vivir en un asilo?

En general, se tiene la idea falsa de que los asilos o casas de descanso son “tiraderos de viejitos”. Es decir, lugares donde se lleva a las personas de la tercera edad cuando sus familiares ya no les quieren o les consideran una carga. También se cree que los asilos son lugares donde se maltrata y descuida a las personas mayores.

En nuestro país, existen normas oficiales mexicanas donde se especifican todas las medidas de cuidados e higiene que deben cumplir estos lugares para brindar una atención integral y de calidad.

Es importante que a la hora de elegir un asilo, nos aseguremos de que se cumplan todas estas normas. Muchos mitos sobre los asilos surgen por la existencia de asilos a puerta cerrada, donde no se cumplen estas normas y se dan casos de maltrato o descuido.

Sin embargo, no todos tienen el privilegio de poder pagar una casa de descanso apropiada. Un asilo que cumple adecuadamente con las normas mencionadas, puede resultar muy costoso, ya que se cuenta con atención de psicólogos, médicos y otros profesionales de la salud para dar la mejor y más integral atención al adulto mayor. Las que están a cargo de gobierno y que son menos costosas o gratuitas no siempre cuentan con todas estas atenciones.

¿Por qué nos negamos a vivir en un asilo y cómo podemos prepararnos para hacerlo?

Muchos adultos mayores dependientes no quieren ir a un asilo porque creen que serán abandonados o los van a maltratar. No obstante, elegir un buen asilo puede hacer que mejore mucho su calidad de vida ya que se les darán los cuidados y compañía necesarios.

En este sentido, informarnos primero sobre el lugar al que vamos a ir, conocerlo antes y verificar que es un lugar digno y agradable que cumple las normas requeridas nos puede ayudar a no visualizarlo como un lugar hostil.

El apego a nuestra casa y nuestras cosas también puede hacer que rechacemos ir a un asilo. Es normal vivir un duelo cuando dejamos el lugar donde residimos, quizás por muchos años o por toda la vida.

Este duelo debe superarse entre uno y dos años para no convertirse en patológico. A algunas personas les toma un mes o dos meses adaptarse a vivir en una casa de descanso, otros toman más tiempo y puede que necesiten ayuda psicológica.

Lo importante es tener la seguridad de que se va a un lugar mejor, donde se nos podrá atender de manera adecuada y tendremos compañía.

Puntos clave para elegir un asilo

  • Si aún no somos personas dependientes, hay que visualizar que no queremos llegar a ser dependientes cuando seamos adultos mayores. Procuremos cuidar nuestra salud desde ahora y pensemos en un envejecimiento sano y activo.
  • Si lo mejor es acudir a un asilo, antes se aconseja estudiar las casas de descanso a las que podremos ir. Primero, que sea un lugar que cumple las normas, que es digno y agradable, y a continuación, revisar los costos de cada uno.
  • No está de más hacer un ahorro para ver por nosotros en nuestra vejez. Sobre todo si no estamos pensionados. De no contar con los fondos necesarios, busquemos apoyo, quizás nuestros hijos pueden pagar o ayudar a pagar parte de lo requerido en el asilo.
  • Si no se puede pagar un asilo privado podemos investigar en el DIF cuales son los asilos asistenciales en nuestra comunidad o en nuestro estado y en qué condiciones se encuentran.

Otras opciones

No está de más mencionar que hay otros esquemas de cuidado gerontológico además de los asilos: existen villas o comunidades para adultos mayores, que son una especie de departamentos donde se brinda asistencia en limpieza y preparación de alimentos, además de actividades que los mantienen activos.

También existen instituciones llamados Centros de Día, que proveen de herramientas y actividades para que las personas cursen un envejecimiento activo y sano, sin necesidad de que el adulto mayor abandone por completo su propia casa.

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